
El reciente post en el blog Desde Tel Aviv, un testimonio único, me hizo pensar en mi viejo.
Él tenía (o tiene, no volví a hablar del tema) la costumbre de aplicar el malocchio (cuernos con el dedo índice y el meñique) cuando detectaba mala onda, como una suerte de protección contra el mal de ojo. Nunca tuve mucho diálogo con él así que no tengo más detalles, sólo entiendo que es algo ancestral que viene de Italia, supersticiones de montañeses rústicos exportadas a tierras argentas en sus valijas rasposas.
Recuerdo que en la esquina de la casa de mis viejos en Palermo Viejo vivía el armenio Sarkis, un señor de grueso bigote dedicado al rubro textil. El hijo de Sarkis tenía la edad de mi papá y se conocían desde chicos.
Cada vez que se cruzaba con este sujeto, mi viejo hacía los cuernos, el famoso malocchio.
Intrigado, un día le pregunté por qué hacía este gesto tan extraño. Me dijo que el hijo de Sarkis, cuyo nombre no recuerdo, era un jettatore, es decir, un portador de la mala suerte.
Siguiendo la costumbre, durante muchos años repetí el rito al pasar cerca del jettatore, hasta que un día no me lo crucé más...


