Malocchio


El reciente post en el blog Desde Tel Aviv, un testimonio único, me hizo pensar en mi viejo.

Él tenía (o tiene, no volví a hablar del tema) la costumbre de aplicar el malocchio (cuernos con el dedo índice y el meñique) cuando detectaba mala onda, como una suerte de protección contra el mal de ojo. Nunca tuve mucho diálogo con él así que no tengo más detalles, sólo entiendo que es algo ancestral que viene de Italia, supersticiones de montañeses rústicos exportadas a tierras argentas en sus valijas rasposas.

Recuerdo que en la esquina de la casa de mis viejos en Palermo Viejo vivía el armenio Sarkis, un señor de grueso bigote dedicado al rubro textil. El hijo de Sarkis tenía la edad de mi papá y se conocían desde chicos.

Cada vez que se cruzaba con este sujeto, mi viejo hacía los cuernos, el famoso malocchio.

Intrigado, un día le pregunté por qué hacía este gesto tan extraño. Me dijo que el hijo de Sarkis, cuyo nombre no recuerdo, era un jettatore, es decir, un portador de la mala suerte.

Siguiendo la costumbre, durante muchos años repetí el rito al pasar cerca del jettatore, hasta que un día no me lo crucé más...

Capitán Améjica


Mi sobrino, con sólo tres años y medio, entiende mejor la realidad geopolítica mundial que muchos babiecas que andan opinando por ahí.

Bautizando “Capitán Améjica” al superhéroe anteriormente conocido como “Capitán América”, explicó en dos palabras la realidad del NAFTA y la integración económica que, para bien o para mal, existe entre EE UU y México.

Y el tío se mata de la risa con él…

Más lesiones


¿Viste cuando estás jugando al fútbol y vas en busca de la pelota y, al mismo tiempo, un tipo grandote también lo hace, y los dos chocan, pero como el tipo grandote es un sub-humano y está más armado que vos para la jugada, no le pasa nada; y vos, en cambio, volás por los aires y una milésima de segundo antes de caer pensás: “me rompió, el animal me rompió”?

¿Te pasó?

A mi sí. Fue el sábado a la tarde.

Terminé en una clínica haciéndome radiografías porque no podía, ni siquiera, apoyar el pie derecho. Al final no hubo fractura –todavía no entiendo cómo– pero tuve que ver Argentina – Brasil solo, tirado en la cama, pata para arriba, con mucho hielo en el pie y empastado a full con Dioxaflex 75.

También se me ocurrió la genial idea de pedirme una pizza y no me quedó otra que ir saltando porque apoyar era imposible. ¿Sabés lo que es ir saltando en un pie con una pizza en una mano y una cerveza en la otra? Además de ridículo y patético, digo…

Gracias al Heavy por arruinarme de nuevo, por lo menos esta vez no me quebró.

Ace está de vuelta


Esta foto del gran Ace Frehley es más para Mixtura inconsistente, pero está tan buena... tiene mucha fuerza. Es rock.

Microreflexiones: Nippur


En este momento vuelvo a sentir deseos de tener un perro, sólo para poder ponerle "Nippur".

Quizás algún día...