
Siempre me fascinaron la estética y la imaginería constructivista soviética, así como su concepción industrial y su impronta cosmonáutica.
En este último campo, la testarudez de los rusos es admirable. A pesar de que fueron los primeros en poner un satélite (Sputnik 1, 1957) y un hombre (Yuri Gagarin, 1961) en órbita alrededor de la Tierra, con los años fueron superados por el poderío industrial estadounidense y terminaron perdiendo también esa batalla de la Guerra Fría.
Sin embargo, lo siguieron intentando una y otra vez, sin darse por vencidos, y enviando tipos a pasar seis meses en una estación espacial Mir que se caía a pedazos. Ese tesón siempre me pareció admirable.
Acá les dejó una foto bastante bizarra que delata una vieja tradición entre los cosmonautas. Es que justo antes de ocupar sus asientos en la nave que los llevará al espacio tienen que descargar sus vejigas en la rueda del ómnibus que los llevó hasta la plataforma de lanzamiento.
No sé quién comenzó con esta tradición –aunque se me ocurre que fue alguno que se estaba meando encima y ya no daba para volver al baño– pero parece que todos lo llevan a cabo antes de viajar.
¿Quién sabe cuándo habrá sido registrada esta foto. Leí por ahí que pertenece a la última misión rusa, pero pongo en duda esta información: no hay que ser un especialista en temas soviéticos para darse cuenta que esta foto tiene sus años. Lo que sí parece ser cierto es que es la primera vez que se registra una imagen así en casi 50 años de lanzamientos al espacio.
Este tipo de cosas son las que me gustan de los rusos. ¿Se imaginan a un astronauta estadounidense bajando a mear en la rueda del bondi? No, imposible.
Creo que estas cosas los acercan de alguna manera a la natural improvisación argenta: "¿Ahora justo tenés ganas de mear? Bueno, hacé ahí y yo campaneo que no venga nadie..."

