
Mi amigo Nico es, lo que se dice, un tipo “viajado” y su destino preferido, sin dudas, es Europa. En 1999, cuando se acercaba el fin del milenio, se escapó nuevamente al Viejo Continente, pero esta vez regresó con un obsequio: un afiche de la gira 3D de Psycho Circus de Kiss arrancado de las calles de Praga, capital de la República Checa.
Así como llegó, un agradecido inconsistente mandó a enmarcar este ítem y lo colgó en una de las paredes de su dormitorio. Y así se mantuvo por una década, soportó las quejas constantes de una pareja, y las miradas, mezcla de curiosidad y repulsión, de varias novias. Fue testigo de muchos momentos de alegría y otros tantos de tristeza inconmensurable.
Fue un mudo espectador de miles de instantes de mi vida, y resistió el paso del tiempo con estoicismo. Pero el viejo cuadro de Kiss no pudo con algo: el hastío de su dueño.
Un día me desperté y simplemente lo odié, me paré sobre la cama y lo saqué. Salvando las distancias, me sentí como Kirchner retirando el cuadro de Videla en el Colegio Militar, por lo solemne del momento. Me sentí bien. Ahora su antiguo lugar lo ocupa un póster de la Semana del Art Decó, que se realizó en Ocean Drive, Miami, entre el 19 y el 21 de enero del 2001.
Pero el cuadro de la gira 3D de Pyscho Circus sigue en casa. Por ahora, descansa detrás del televisor, pero no puede seguir por mucho más tiempo en este lugar; y me niego a enterrarlo en la casa de mis viejos, que se ha convertido en el cementerio de las cosas que ya no tienen espacio en mi departamento.
Quiero que alguien lo disfrute, tanto como lo hice yo durante diez años. Por eso, aficionados de Kiss, escucho ofertas. El cuadro mide 76cm de ancho x 96cm de alto...