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Crónicas de viaje: Tiroleses en Las Vegas


En Las Vegas hay de todo, claro. Incluso un pintoresco restaurante alemán, donde se puede disfrutar de sabrosas comidas (nunca imaginé que unas simples salchichas con puré podrían ser tan exquisitas), beber cerveza artesanal importada de alta graduación alcohólica, y escuchar música directa desde Alemania. Todo en una atmósfera bávara bastante auténtica, aunque reconozco que esto es relativo porque jamás visité Germania y no podría asegurar que tan genuino es todo este circo.

El sitio se llama Hofbräuhaus y parece que es bastante popular por la cantidad de comensales presentes. Como ya dije, la comida parece buena, la cerveza… bueno, es un restaurante alemán, y el público la pasa bien, aunque hay cosas que me resultan incompresibles, como que en el medio del show, la banda de turno se ponga a ejecutar el himno de EE UU y todos los presentes –en su mayoría ebrios– se pongan de pie y lo canten con todo su pecho henchido de orgullo.

Como detalle de color me pareció gracioso como algunas camareras –vestidas con trajes tradicionales, obviamente– pasan por las mesas masculinas (imaginen la escena: gringos, gordos, borrachos y ruidosos) para aplicarles un ruidoso spanking en la cola a cada uno de los integrantes. Parece que les encanta, y las chicas pegan duro con la tablita.

También toca una banda austríaca llamada Trenkwalder, que interpreta canciones tradicionales germanas, aunque con una actitud bastante rockera. Los tipos suenan bien y son divertidos. Además, interactúan mucho con la gente, tocan las canciones que les piden y hacen todo un show con unos cencerros enormes y un alphorn (cuerno alpino).

De pronto, la banda para de tocar y el cantante exclama Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi, mientras que todo el mundo hace fondo blanco de lo que esté tomando (el 99,96% cerveza). Les cuento que al tercer Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi tuve que salir gateando del establecimiento.

Si querés ver este jueguito del Zike Zake, además de visitar YouTube, podés sintonizar The Man Show por el canal FX (creo que todavía lo emiten). En el momento final del programa, todos están con su cerveza en mano (público y conductores) y, a modo de despedida, se entona el cántico de batalla para inmediatamente clavarse la birra hasta el fondo. Hermoso.

Viva Las Vegas (el regreso)


Se preguntarán por qué hace rato que no escribo. Bueno, tengo una excusa perfecta y no es verso: Estoy trabajando de nuevo en la ciudad de Las Vegas, Nevada. Sí, eso es en EE UU.

Tengo muchísimo trabajo, ayer me pasé horas en la sala de prensa del centro de convenciones, pero de vez en cuando puedo concurrir a algún evento e incluso escribir algunas líneas para mi bitácora.

Por ejemplo, anoche estuve en una fiesta en el Hard Rock Hotel donde tocó A. R. Rahman, músico que ganó el Oscar por la banda de sonido de Slumdog Millionaire. Su música me aburrió en vivo, pero el evento fue cool, muy primer mundo.

Hace unos días fui a un outlet donde conseguí jeans por US$12 y un buzo de Vans alucinante por sólo US$15. Hay rebajas por todos lados, la crisis pegó fuerte y los yanquis no entienden nada de lo que está pasando. Puro pánico.

Está de moda que las minas anden en tanga y tacos por los hoteles, los casinos y la calle. Es una locura visual. Mucha silicona, mucha rubia borracha, pero la vista es agradable.

Como siempre, el porcentaje de obesos es altísimo y hay poca oferta de comidas sanas y low fat.

Ayer llevamos en el auto a un australiano que se tiró por lo menos dos pedos grossos, de esos que no emiten sonido, pero te derriten las fosas nasales. No lo podía creer, un verdadero asco. Y ese acento… por ejemplo, en vez de pronunciar "greit" (great) dicen "grait"… no se les entiende un carajo.

Desde que llegué me topé con, por lo menos, cuatro operativos policiales, igual que en las películas: Auto detenido-cana se detiene atrás-baja con la mano en el revólver (sin sacarlo)-se acerca a la ventana el conductor, etc. etc. etc.

Todo (TODO) está limpio, prolijo y en orden. La mayoría de los negocios se parecen y es imposible distinguir una farmacia de una tienda de ropa. El tránsito es muy ordenado y aburrido, nadie se adelanta ni se cruza, ni sobrepasa el límite de velocidad aunque esté apuradísimo. Creo que si me dejan al volante hago desastres...

Nunca vi tantos Homeros Simpson y Tommys Lee juntos...

La cerveza es buena, el vino es malo.

Ah, y estoy laburando demasiado. Duermo poco…

Llamado a la solidaridad: Ajenjo

Hace tiempo que ando con ganas de probar el licor de ajenjo o absenta.

¿Alguien sabe si se vende en Buenos Aires? Es que cada vez que viajo lo busco en los free shop y nunca lo encuentro.

Por lo que leí, se trata de una bebida con alto contenido alcohólico (hasta 89,9º) con un sabor parecido al licor de anís. Está producida en base en hierbas y flores de plantas medicinales y aromáticas, con predominio de ajenjo.

Oscar Wilde supo escribir sobre la espirituosa bebida: “Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, se ven cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal como son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir”.

Quiero probarlo, y necesito tu ayuda...

¿Y vos, probaste el ajenjo? ¿Y algún otro brebaje extraño?

Bates Motel



Caminando una noche por una zona alejada del Boulevard Las Vegas, camino al downtown, me topé con una seguidilla de moteles baratos, muy típicos de la geografía estadounidense.

Son tal cuál como pueden verse en las películas. Con la oficina en el frente y el espacio para estacionar el automóvil en la puerta de cada habitación. Y claro, el letrero de neón que reza Vacancy – No Vacancy en la entrada.

Y esto es loco. Así como cada vez que me meto en la ducha siento que una figura femenina sin rostro correrá la cortina y me sacará de este mundo con el filo de un enorme cuchillo de cocina –al son de una estruendosa música de violines– tal como ocurre en la escena icónica de Psicosis (Psycho) de Alfred Hitchcock; también me siento transportado a este clásico del cine cuando paso por un motel con el neón parpadeando Vacancy – No Vacancy, como si de una fuerza hipnótica se tratase, como invitando a buscar habitación en el Bates Motel.

Sigo el relato... En mi loca caminata –loca porque en EE UU nadie camina– me detuve un instante frente a este letrero y, como si fuera el último minuto de mi vida, las imágenes de la película se amontonaron en mi cabeza.

Bueno. Esta anécdota (100% cierta) es, sin embargo, una excusa para recordar a Psicosis, uno de los máximos exponentes de la genialidad del director británico Sir Alfred Joseph Hitchcock.

En la próxima entrada hago una reseña de la película...

Un noche en el burlesque


Cuando estuve en Las Vegas tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo de burlesque, en el club nocturno Forty Deuce, ubicado dentro del hotel Mandalay Bay.

El club es propiedad del empresario Ivan Kane, que también posee otro similar en Hollywood, y tiene una onda bastante retro, tratando de recrear los antros que solían verse en Times Square, New York, en los años 50s.

La noche en que visité este respetable establecimiento tocaba una banda conocida como Royal Jelly, que acompaña a cinco strippers que montan un show realmente deslumbrante. Mientras los tres músicos tocaban clásicos como Welcome to the Jungle (Guns 'n Roses), Sweet Emotion (Aerosmith), Roxanne (The Police), Another One Bites the Dust (Queen) y Whole Lotta Love (Led Zeppelin), las chicas hacían de las suyas, pero con cierto toque naive.

Es que en el Forty Deuce nada es pornográfico o de mal gusto, no es ese el estilo. Realmente se recrea la atmósfera de los 50s y 60s, no sólo desde la estética, sino también desde la actitud de las bailarinas. De hecho, ninguna de desnuda. Y además bailan muy bien, el caño, el trapecio y lo que sea…

¿Pero qué es el burlesque?

Este tipo de espectáculos nació gracias al legado del music hall del siglo 19 y del vaudeville, de comienzos del siglo 20, como una mezcla de sátira, performance, y entretenimiento para adultos.

En el burlesque, los intérpretes, por lo general mujeres, a menudo formaban coros o grupos con exuberantes y coloridos trajes, e incluso se incluían actuaciones con fuego y contorsionismo. La más famosa artista de este género fue la bellísima Bettie Page, además de otras estrellas como Mae West, Tura Satana y Tempest Storm. Entre los hombres pueden destacarse a Abbott y Costello, Milton Berle, Jackie Gleason y Bob Hope, entre muchos otros.

El nuevo burlesque adoptó muchas formas, pero todas tienen el rasgo común de honrar a una o más encarnaciones anteriores del género, incluidos strippers, trajes caros, bailes, etc. Entre los modernos artistas de burlesque y espectáculos se destaca sin duda la figura de Dita Von Teese.

Un hada madrina en el ascensor del Luxor


Era de madrugada, estaba agotado y sólo quería volver a mi habitación del hotel Luxor de Las Vegas. Caminaba a paso cansino, dirigiéndome hacia los ascensores que me llevarían hasta el piso 16 y, por carácter transitivo, a mi habitación y a la suavidad de mi cama.

Cuando llegué al área destinada a los elevadores, vi que una figura rolliza con un vestido azul brillante dejaba ver los últimos centímetros de su anatomía antes de desaparecer dentro de las fauces del aparato.

¡Wait, please! Grité con desesperación…

Luego de un segundo de espera las puertas se abrieron casi mágicamente y supe que no haría falta esperar eternamente por el siguiente elevador.

Me apresuré a entrar y me topé con una escena increíble: La dueña del vestido azul brillante era un hada madrina, y estaba custodiada por otras dos hadas rollizas y una niña de cara angelical.

Las puertas se cerraron y dentro del ascensor todo comenzó a brillar. La luz rebotaba en las piedras de los vestidos y en las paredes doradas. Lamenté no tener lentes oscuros para sobrevivir a esos 16 pisos.

Nadie habló. En el piso 7 traté de mirarlas con disimulo, buscando las alas en sus espaldas, pero fue imposible sin parecer demasiado obvio. En el piso 10 estuve a 2.5 segundos de decir nice dress, pero temía que las hadas hablaran otro idioma y que la comunicación se vuelva imposible (hoy me arrepiento). También hubiera querido tomarles una foto, pero tanta luminosidad dificultaba la tarea.

Las tres lucían altísimos peinados con piedritas brillantes en el cabello. Las tres tenían ojos azules, y sonrisas blancas y alineadas. Los tres vestidos parecían que iban a explotar por el escote y por otras aberturas que estaban a punto de crearse. Eran de color azul, rojo y naranja, pero no recuerdo el de la niña, que terminó totalmente opacada por el brillo de sus hadas.

Pensé en pedir un deseo, aunque sea en mi interior y en forma secreta, pero me pareció una tontería y descarté la idea cuando llegamos al piso 14.

Cuando arribamos al 16, las puertas se abrieron. Tardé dos segundos en decidirme, pero finalmente salí y escapé del embrujo. Cuando pasé el umbral, me di vuelta velozmente.

Las tres hadas me miraban, y sonreían. Todo era brillo.

Caminé hacia mi habitación, abrí la puerta, me saqué el saco y los zapatos, y me derrumbé en la cama.

Esa noche pedí un deseo.

Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi


En Las Vegas hay de todo, claro. Incluso un pintoresco restaurante alemán, donde se puede disfrutar de sabrosas comidas (nunca imaginé que unas simples salchichas con puré podrían ser tan exquisitas), beber cerveza artesanal importada de alta graduación alcohólica, y escuchar música directa desde Alemania. Todo en una atmósfera bávara bastante auténtica, aunque reconozco que esto es relativo porque jamás visité Germania y no podría asegurar que tan genuino es todo este circo.

El sitio se llama Hofbräuhaus y parece que es bastante popular por la cantidad de comensales presentes. Como ya dije, la comida parece buena, la cerveza… bueno, es un restaurante alemán, y el público la pasa bien, aunque hay cosas que me resultan incompresibles, como que en el medio del show, la banda de turno se ponga a ejecutar el himno de EE UU y todos los presentes –en su mayoría ebrios– se pongan de pie y lo canten con todo su pecho henchido de orgullo. Me pareció absurda la escena, y por supuesto, seguí leyendo el menú sentado y ni levanté la vista para evaluar la repercusión entre los que me rodeaban. Mi nombre es Peligro, yeah!

Bueno, como detalle de color me pareció gracioso como algunas camareras –vestidas con trajes tradicionales, obviamente– pasan por las mesas masculinas (imaginen la escena: gringos, gordos, borrachos y ruidosos) y le aplican un ruidoso spanking en la cola a cada uno de los integrantes. Parece que les encanta, y las chicas pegan duro con la tablita.

También toca una banda austríaca llamada Trenkwalder, que interpreta canciones tradicionales, aunque con una actitud bastante rockera. Los tipos suenan bien y son divertidos. Además, interactúan mucho con la gente, tocan las canciones que les piden y hacen todo un show con unos cencerros enormes y un alphorn (cuerno alpino).

De pronto, la banda para de tocar y el cantante exclama Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi y todo el mundo hace fondo blanco de lo que esté tomando (el 99,96% cerveza). Les cuento que al tercer Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi tuve que salir gateando del establecimiento.

Si querés ver este jueguito del Zike Zake, además de visitar YouTube, podés sintonizar The Man Show por el canal FX. En el momento final del programa, todos estás con su cerveza en mano (público y conductores) y, a modo de despedida, se entona el cántico de batalla para inmediatamente clavarse la birra hasta el fondo. Hermoso.

Olvidando el episodio del himno y pasando por alto que toda esa onda tirolesa me remite a la página más horrible de la historia alemana (¿quién no vio alguna foto de Hitler vestido con traje de tirolés?), la anoche en el Hofbräuhaus estuvo óptima.

Zike Zake Zike Zake Hoi Hoi Hoi, ahí voy...

Autoservice iPod


Siguiendo con el tozudo análisis de las curiosidades con las que te podés topar en Las Vegas, llega el turno del Autoservice iPod, Autoipod, Autostore iPod o no sé cómo debería llamarse.

¿De qué se trata? Bueno, es como las máquinas de golosinas, ya que tiene el mismo funcionamiento. Pasás tu tarjeta de crédito (esta no acepta billetes y mucho menos monedas), seleccionás en la botonera el modelo de iPod de tu preferencia, y voilà: el aparato cae como si fuera un paquete galletitas.

La expendedora de la foto puede encontrarse en el hotel Hilton, no sé dónde se ubica el resto, pero de seguro hay muchas más.

Ya de por sí, el iPod de Apple es un aparato absolutamente innovador en lo tecnológico y atractivo desde el diseño, además de que han sabido venderlo muy bien generando una sensación de pertenencia entre sus usuarios y volviéndolo un elemento aspiracional para los que aún no lo poseen.

Creo que esta forma de venta es absolutamente revolucionaria, aunque me cuesta imaginar a una de estas máquinas expendedoras en los pasillos de la Terminal de Retiro…

Si querés saber más sobre la historia del iPod podés clickear acá

Buscá culo en Klingon, dale


Cuando digo que los trekkies (fans de la serie Star Trek) necesitan urgentemente una novia o algo en que poner su energía, me refiero concretamente a curiosidades como esta.

¿Qué es? ¡Bueno, sí lo estás leyendo en la foto!: Es un diccionario Inglés – Klingon.

Y sí... Cosas como está sólo se pueden ver en un país como EE UU, y en una ciudad como Las Vegas.

Pero voy por más. Navegando la web me entero de la existencia de un Google en Klingon. Y accediendo a la página vas a poder aprender algunas frases clásicas como "Voy a tener suerte", que se dice jlSuDrup.

Y como si fuera poco, y esto es increíblemente bizarro, hay un Hamlet en Klingon. El libro está publicado por el Instituto de la Lengua Klingon. También está disponible Gilgamesh y Mucho ruido y pocas nueces.

Nos tapó el agua. Glup Glup

Mondo trekkie


Cualquier fan de la serie Star Trek se sentiría como un musulmán en La Meca si visita el hotel Hilton de Las Vegas.

¿Por qué? Bueno, primero porque parte del casino está ambientado como si fuera alguna de las naves de la Federación Unida de Planetas.

Además, hay un museo con trajes y elementos originales de las series, un bar temático donde te sirven extraños brebajes galácticos, un pequeño shopping donde podés comprar desde libros sobre las diferentes versiones del programa hasta action figures, pasando por maquetas de las naves, cerveza romulana, pistolas phaser y laser, y ositos de peluche del Sr. Spock. Hasta tenés la opción de casarte en el puente del Enterprise y que la boda la oficie el capitán de la nave o incluso oficiales klingons, ferengis, andorianos, vulcanos o borgs.

Además, y este es el plato fuerte, podés visitar el Star Trek: The Experience, una aventura interactiva que te lleva a recorrer el espacio y vivir las aventuras del Enterprise en el siglo 24, ya sea en batalla contra una poderosa nave klingon o enfrentando a una terrible máquina de guerra de los malosos borgs.

Siempre fui fan de la serie original, la que protagonizaba William Shatner (Capitán James T. Kirk), Leonard Nimoy (Sr. Spock) y DeForest Kelley (Dr. Leornard McCoy), así que estar unas horas en este santuario fue más que agradable. Y además, tranquilizante, porque siempre me sentí muy freak acerca de mi interés por este universo, pero viendo a los concurrentes al evento, me sentí un tipo casi normal.

Estos muchachos, los trekkies (fans de la serie), necesitan urgentemente una novia o algo en que poner su energía...

Demoliendo hoteles

En Las Vegas todo es espectáculo y entretenimiento. Incluso la destrucción de algunos de sus hoteles más legendarios. Todo es descartable en pos de seguir construyendo este gran escenario de la irrealidad.

Acá les dejo un clip con algunas de las más famosas demoliciones. No sé quién lo habrá montado, pero me animo a asegurar que este material fue editado con algún DVD y vendido en las tiendas de souvenirs, junto a llaveritos, remeras y tazas alusivas a la Ciudad del Pecado.

El cadáver del Frontier


Si tenés la energía para caminar por el Strip de Las Vegas hacia el norte durante un buen rato, te vas a topar con el fantasma de un gigante: El enorme cartel del hotel New Frontier. Te recomiendo que lo hagas en el crepúsculo, así la vista del cadáver de hierro y tubos de neón es mucho más espeluznante.

El edificio fue demolido en noviembre del año pasado y sólo permanece en pie este venerable letrero, símbolo de una Las Vegas que murió hace décadas, la que fue fundada por los sindicatos del crimen de la costa este –el hotel Flamingo, por ejemplo, fue construido bajo la supervisión del gángster Bugsy Siegel– y que dio lugar a esta suerte de Disneylandia para adultos manejada por poderosas corporaciones del entretenimiento.

El hotel comenzó como un club nocturno en 1930, bajo el nombre de Pair-O-Dice. Luego pasó a llamarse The Ambassador Night Club en 1936, y pocos años después, en 1939, fue refundado como 91 Club. Más tarde fue reformado y bautizado como Last Frontier en 1942 y, finalmente, el 4 de abril de 1955, pasó a llamarse New Frontier.

Hospedó nada menos que a Elvis Presley en su primera visita a Las Vegas, en 1956, y fue el escenario del último recital de Diana Ross y las Supremes, el 14 de enero de 1970.

El millonario Phil Ruffin lo compró en 1998 y lo vendió a los propietarios del Plaza de New York, quienes planean construir el Plaza de Las Vegas. Donald Trump, socio de Rufin en esta maniobra, construyó también su propio hotel en parte de la propiedad del Frontier. Lo llamó con toda humildad Trump International Hotel & Tower.

El Frontier cerró definitivamente el 16 de Julio del 2007 y fue implosionado el 13 de noviembre a las 2:45am.

Por supuesto, se despidió a lo grande. Acá va el video.

Tren loco


Hace años que no me subo a un tren en Buenos Aires, y menos aún en el resto del país. Pero tengo imborrables recuerdos de los viajes en el San Martín cuando estaba en la colimba o en el Mitre cuando iba al Tigre siguiendo a una novia esquiva.

Y justamente porque esos recuerdos están grabados a fuego en mi memoria, así como esas maravillosas sensaciones olfativas, es que me impresionó tanto el monorriel de Las Vegas.

El sistema de transporte le costó a la ciudad, o al que haya puesto el dinero, cerca de 650 millones de dólares. El resultado es un trencito muy moderno que recorre las cuatro millas del famoso Strip (una sección de Las Vegas Boulevard) en sólo 20 minutos.

Los pasajeros tienen la opción de bajarse en diferentes estaciones a través del trayecto que conecta con los hoteles MGM Grand, Bally's/Paris Las Vegas, Flamingo/Caesars Palace, Harrah's/Imperial Palace, Centro de Convenciones de Las Vegas, Las Vegas Hilton y el Sahara.

Ah, el boleto cuesta 5 dólares, un verdadero afano. Pero el tren es espectacular.

Ciudad rara, ciudad del pecado


La imagen que ilustra esta entrada no pertenece a uno de los casinos de Las Vegas, sino que es del aeropuerto McCarran de esta ciudad, donde también hay máquinas tragamonedas, aunque creo que ahora sólo tragan billetes.

Acá está todo planeado para que gastes lo más posible. Así podés jugarte tus primeros morlacos en las maquinolas apenas te bajas del avión, y gastarte el último quarter antes de subirte a tu vuelo de regreso al mundo real.

Ciudad rara, ciudad del pecado.

La azafata López Murphy


En el viaje a Chicago, en mi inexorable camino hacia Las Vegas, me topé con una señora de edad avanzada, bastante malhumorada y con un evidente estado de fastidio con este viaje de más de 10 horas que estaba por comenzar.

Bueno, siempre hay algún personaje de estos arriba de los aviones, es normal, me dije.

El problema es que, como a los 10 minutos de haberme ubicado en mi asiento, comprobé que la señora en cuestión era una de las azafatas de American Airlines.

Las azafatas suelen ser criaturas delicadas, razonablemente atractivas y de edad media, dependiendo de la aerolínea.

Esta podría ser mi mamá, lo cual no es un problema si no fuera porque me daba miedo pedirle un vaso de agua, porque no sabía qué cara me iba poner. Es más, creo que si le suelto el rodete, le corto el pelo y le pinto un bigote, es bien parecida a Ricardo López Murphy, en su etapa buldog más recalcitrante.

No pongo una foto de este tipo porque no quiero arruinar la estética de mi blog. Pero ustedes lo imaginan. ¿Cierto?

Humo Eternáutico


“Todo hasta donde se podía ver, se cubría de aquella nevada. Nevada irreal, mortal, terriblemente mortal... Vacilé. Abrí la puerta, pero lo hice en forma mecánica: todo mi ser estaba como encogido, aguardando de un instante a otro la violenta tiniebla que debía ser la muerte...”

El Eternauta, Primera parte (Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, 1957)

Llegué a Buenos Aires vía Ezeiza y me encontré con la noticia de que una extraña nube de humo y cenizas invade la ciudad. También me contaron que cayó un meteorito en Entre Ríos, lugar próximo al supuesto origen de la humareda, pero que nadie lo pudo encontrar aún.

… ¿Será que ya está en marcha la invasión vaticinada por Oesterheld?

Gracias a Mercedes por disparar esta loca asociación de imágenes.

Viva Las Vegas


Me encuentro desde esta mañana en la ciudad de Las Vegas, EE UU, para cubrir una exposición de tecnología, la más grande del mundo, conocida como NAB.

El viaje fue largo, 11 horas de vuelo hasta Chicago, y luego conexión hacia Las Vegas, lo que contabiliza tres horas y pico más arriba del avión, “mimado” por esas bellas y jóvenes azafatas de American Airlines.

A esto debo sumar las horas de espera y la pesadilla de la Aduana en EE UU, donde me advirtieron que el próximo año que concurra a la exposición de la NAB debo tener una visa de periodista y no una de turista, si no quiero, por supuesto, que me vuelvan a subir al avión rumbo a Buenos Aires.

Inútil fue tratar de explicarle a la simpática agente de la ley que ya tuve una visa de periodista y que cuando fui a renovarla (porque sólo me la dieron por un año) la representante de la embajada me otorgó una visa de turista por diez años. ¿Qué iba a hacer, quejarme? ¿Pedir que por favor me otorguen una de un año? En fin…

Luego, a retirar el equipaje en Chicago, volver a embarcarlo rumbo a Las Vegas, y tratar de pasar por los controles, después de haberme sacado las zapatillas, el cinturón, el saco, y de casi haber vaciado los bolsillos. Lamentablemente olvidé sacar las llaves de mi casa, y el celular, además de que no saqué la laptop del bolso (juro que me olvidé). Así que este “casi” fue tomado por los caballeros de seguridad como “sospechoso” y fui invitado a dirigirme hacia una suerte de pecera donde me hicieron controles más exhaustivos. Claro que cuando observé horrorizado que se acercaba un gordo de 1,90 mts con guantes de goma, ordenándome que “me de vuelta”, supuse que se venía un análisis prostático o algo así.

Pero estoy sentado cómodamente en mi habitación escribiendo esto y no me duele nada, así que no pasó a mayores el episodio.

¡Igual qué importa! ¿Estoy en la Ciudad del Pecado o no?

Bueno, habrá más novedades y sabrosas anécdotas. Aunque, quizás me guarde algunas cosas. Ya lo dice el eslogan que puede leerse en todos los negocios de souvenirs del Boulevard Las Vegas: “What happens here, stays here” (Lo que pasa acá, se queda acá).

Les dejo unos videos de YouTube. Ambos son de la canción Viva Las Vegas. El primero, muy bizarro, interpretado por Elvis Presley en la película homónima de 1964. El otro es de un recital de los Dead Kennedys en el Mabuhay Gardens de San Francisco, en febrero de 1979.



Magnetismo animal crepuscular


Una de mis actividades preferidas en mi viaje a Cartagena eran las caminatas por la playa a la hora del crepúsculo. Me sentía como Kwai Chang Caine en la serie Kung Fu y de hecho, si me concentraba, hasta creía escuchar la musiquita con la que todos identificamos a la tira protagonizada por David “Kill Bill” Carradine.

En una oportunidad, caminaba abstraído en mis propias reflexiones cuando se produjo el siguiente diálogo con otro Kwai Chang Caine solitario y crepuscular, aunque un poco más excedido de peso que yo, si acaso eso es posible.

Desconocido: Oye ¿tienes hora?
Yo: Creo que son más de las 7:30, pero no tengo reloj
Desconocido: ¿Ah, eres argentino?
Yo: Sí
Desconocido: Por allá también hay una argentina. ¿Estás con ella?
Yo: No
Desconocido: ¿Quieres compañía?
Yo… (silencio de incredulidad y asombro)… No
Desconocido: Bueno, adiós
Yo: Chau, suerte

Veo que mi magnetismo animal se mantiene intacto a pesar de los años...

Twisted Sister


Mientras estaba en Cartagena me enteré que el domingo 2 de marzo hubo tornados en el Río de la Plata, a 200 metros de la costa de San Isidro.

Me pareció una exageración típica de los argentos.

Pero hoy miraba mails viejos que nunca llegué a abrir y me topé con fotos como esta que ilustra la entrada.

Estoy impresionado.

¿Querés tener razón o ser feliz?


"El perfume de la siesta es la redención", “Nadie tiene que perder”, "Toda víctima es secretamente un victimario" y la última, ¿Querés tener razón o ser feliz?, son algunas de las frases que se han visto escritas en el puente de Córdoba y Juan B. Justo.

¿Quién es al autor de estas reflexiones urbanas? No tengo respuesta para este interrogante, no por ahora.

Sí me resulta más claro el objetivo: Simplemente invitar a rumiar un rato, a una pausa que sacuda el automatismo diario en una de las avenidas más predecibles y aburridas de esta metrópoli.

Y lo logran. Cada vez que Córdoba cruza las vías del Ferrocarril San Martín levanto la mirada para ver si la máxima fue renovada, ansioso de ser invitado nuevamente a este extraño rito.

¿Mi frase preferida?: "Toda víctima es secretamente un victimario", lejos la mejor. Si hasta la he usado en alguna sobremesa etílica post asado, dejando atónito a algún interlocutor ocasional.

Le doy las gracias al autor por hacerme parecer inteligente.