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Lou Reed & Metallica


I am a chorus of the voices
that gather up the magnets
set before me
I attract you and repel you
a science of the heart
and blood and meaning
The coldness of most beauties
is a challenge that our youth
must quickly conquer
There is no time for guilt
or second guessing, second guessing
based on feeling
I am the truth, the beauty
that causes you to cross
your sacred boundaries
I have no morals
some think me cheap
and someone who despises
the normalcy of heartbreak
the purity of love
But I worship the young
and just formed angel
Who sits upon the pin of lust
everything else
bores me
I want to see your suicide
I want to see you give it up
your life of reason
I want you on the floor
and in a coffin your soul shaking
I want to have you doubting
every meaning you’ve amassed
like a fortune
Oh throw it away
for worship someone
who actively despises you
for worship someone
who actively despises you
I am the root
I am the progress
Ii’m the aggressor
I am the tablet
These ten stories
Worship
Worship
Pain and evil have their place
sitting here beside me
I offer them to you as servants
of the gold that you must give
Pain and evil have their place
sitting here beside me
and I’ll offer them, I offer them to you
as servants of the gold
that you must give to me
I want to see your suicide
I want to see you give it up, give it up
your your life of reason
I want to see you on the floor
and in a coffin, soul shaking
soul shaking
I want to have you doubting
every meaning you’ve amassed
like a fortune, like a fortune
throw it away
For worship of someone who actively despises you
Who actively despises you

Insomnio+Antonioni+Yardbirds



Son las 3:30am. Noche de insomnio. Aprovecho para poner orden en la habitación donde es imposible caminar debido a tanta ropa y zapatillas por el piso. Mientras busco de rodillas esa zapatilla que me falta para completar el par, la TV (canal TCM) me muestra escenas de Blow-Up de Michelangelo Antonioni. De pronto, debo dejar de hacer lo que intentaba hacer: un riff de guitarra electrizante y genial me paraliza. Levanto la vista y me doy cuenta que los Yardbirds (con Jeff Beck y Jimmy Page!!) está tocando en la película. Sin avisar a este corazón ya maltrecho, Beck se da vuelta y comienza a aporrear la guitarra contra el amplificador, para luego patearla y pisarla (antes que Hendrix? quizás…). Por cosas como esta es que nunca me quiero ir a dormir...

Escucho ofertas


Mi amigo Nico es, lo que se dice, un tipo “viajado” y su destino preferido, sin dudas, es Europa. En 1999, cuando se acercaba el fin del milenio, se escapó nuevamente al Viejo Continente, pero esta vez regresó con un obsequio: un afiche de la gira 3D de Psycho Circus de Kiss arrancado de las calles de Praga, capital de la República Checa.

Así como llegó, un agradecido inconsistente mandó a enmarcar este ítem y lo colgó en una de las paredes de su dormitorio. Y así se mantuvo por una década, soportó las quejas constantes de una pareja, y las miradas, mezcla de curiosidad y repulsión, de varias novias. Fue testigo de muchos momentos de alegría y otros tantos de tristeza inconmensurable.

Fue un mudo espectador de miles de instantes de mi vida, y resistió el paso del tiempo con estoicismo. Pero el viejo cuadro de Kiss no pudo con algo: el hastío de su dueño.

Un día me desperté y simplemente lo odié, me paré sobre la cama y lo saqué. Salvando las distancias, me sentí como Kirchner retirando el cuadro de Videla en el Colegio Militar, por lo solemne del momento. Me sentí bien. Ahora su antiguo lugar lo ocupa un póster de la Semana del Art Decó, que se realizó en Ocean Drive, Miami, entre el 19 y el 21 de enero del 2001.

Pero el cuadro de la gira 3D de Pyscho Circus sigue en casa. Por ahora, descansa detrás del televisor, pero no puede seguir por mucho más tiempo en este lugar; y me niego a enterrarlo en la casa de mis viejos, que se ha convertido en el cementerio de las cosas que ya no tienen espacio en mi departamento.

Quiero que alguien lo disfrute, tanto como lo hice yo durante diez años. Por eso, aficionados de Kiss, escucho ofertas. El cuadro mide 76cm de ancho x 96cm de alto...

Ahora quiero ser tu perro

Iggy Pop… uno de los pocos músicos que todavía logran impactarme. ¿Mi solista preferido? Sí claro, por lejos. Salvando las distancias, también amo a Tom Waits y Leonard Cohen, lo que no me sorprende porque el último disco de la Iguana (Préliminaires) tiene mucho que tributarle a estos grandes. Así que el círculo cierra… ¿me entendés? ¿Cuántas veces lo vi en vivo? No puedo precisarlo. Estoy seguro que no fue en su primera visita en agosto de 1988, un show recordado como uno de los mejores que se haya visto por estas latitudes. Sí es indudable que asistí a su recital de 1992 en el estadio Obras. Recuerdo cuánto me sorprendió su performance, su entrega. Hasta recuerdo cómo jugaba con un micrófono que terminó golpeando su boca (¿o era su nariz, o su frente?) y que cantó sangrando hasta el final. Al año siguiente dio un exclusivo recital en el mítico Prix D´ami de la calle Monroe (Monrow, como decía mi ex). También evoco mi mal humor esa noche porque no podía pagar una exorbitante entrada de US$100. En 1996 volvió para la despedida de los Ramones en River. Y claro: estuve ahí. Gran noche, aunque se me vuelve nebulosa por momentos. En fin, tengo mis motivos. Toda esa relación con Argentina, todo ese romance con un público que respondía apasionado a tanta locura, le dejó hasta una novia argenta a la que terminó dedicándole dos temas en su disco Avenue B (Miss Argentina y Nazi Girlfriend). Pasaron los años y, cuando parecía que nunca más lo vería en esta parte del planeta, se bajó hasta el Club Ciudad, el 22 de septiembre del 2006, para ser cabeza de cartel del Pepsi Music, esta vez liderando el renacimiento de los Stooges, y nada menos que frente a 15 mil almas, entre las que se encontraba la mía. ¿Por qué este homenaje a Iggy Pop? Bueno, anoche veía el programa Zane Meets U2 en Vh1, y me sorprendí con las declaraciones de Bono cuando remarcó las virtudes como compositor de Iggy Pop –algo que vengo sosteniendo hace años cuando digo que está subvalorado– llegando a decir que la Iguana era nada menos que “su héroe” (mirá vos, Bono). Desde anoche que no puedo sacarme de la cabeza a Iggy. Tengo ganas de verlo de nuevo. Y más después de ver este video.

Una viuda orgullosa


Un día como hoy (18 de junio), pero hace 26 años, Kiss se presentaba ante 137 mil personas en el estadio Maracaná de Río de Janerio, Brasil, en lo que fue la audiencia más grande registrada hasta el día de hoy por la banda.

Este recital fue el primero de una mini gira por Brasil (tocaría luego en Belo Horizonte el 21 y en São Paulo el 25) que terminaron siendo las últimas presentaciones de Kiss con maquillaje hasta la Gira Reunión de 1996.

En realidad, iba a ser Buenos Aires la que contaría con este “honor”, ya que la banda tenía pactadas tres fechas en la Bombonera para el 19, 20 y 21 de agosto. Pero a cinco días del recital se anunció su postergación por "inconvenientes técnicos", aunque el verdadero motivo fue el accionar de un ignoto comando bautizado “2 de abril” que amenazó con volar el estadio de Boca Juniors si esos "salvajes y depravados" actuaban allí. Poco después, el show se canceló definitivamente y nadie recuperó el dinero de la entrada.

El primer show sin maquillaje fue pocos meses después: el 11 de octubre del mismo año en el Cascais Hall de Lisboa, Portugal, en la gira presentación del exitoso disco Lick it Up.

A pesar que Kiss no atravesaba por su mejor momento, y había perdido a dos de sus integrantes originales (Ace Frehley y Peter Criss), la banda sonaba demoledora gracias a la incorporación del contundente baterista Eric Carr y del genial guitarrista Vinnie Vincent que aportaron un sonido mucho más moderno y metalero.

En lo personal, adoro esta etapa del 10º aniversario, que coincide con el disco Creatures of the Night. El fragmento en vivo pertenece al tema War Machine, registrado durante el show de Río de Janeiro por las cámaras de TV Globo.

A veces me siento como Badía con los Beatles, pero por favor vean a esta aplanadora. Soy una viuda orgullosa y tengo motivos para estarlo...

Conformista cagón


El punk no ha muerto, pero merecería morir cuando lo vemos convertirse en otra caricatura rancia.
Un club social de mentes cerradas y egolatría donde no son las ideas lo que cuenta sino a quién conoces.
Si la música se ha vuelto aburrida la culpa es de los tipos que quieren que todos suenen igual, los que echan a la gente lúcida de nuestro llamado "movimiento" hasta que lo único que queda es una moda sin sentido.
Las fórmulas fijas del hardcore son mierda de perro, lo real es el cambio y el preocuparse por lo que pasa.
Habría que preguntarse ¿es esto una actitud mental o tan sólo otra etiqueta más?

Lo que era alegría y esperanza en una alternativa se ha transformado en su propio cliché.
Un peinado no es un estilo de vida ¡Imagínate a Sid Vicious a los 35 años!
¿Quién necesita un movimiento si tememos amar y sentir?
Juzgándolo todo con la vara que sea fuerte y al mango
"¿Quién tocó anoche?" "No se, me olvidé, pero tirarse desde el escenario fue muy divertido".

Tan ansioso de satisfacer las reglas que te imponen tus pares, cometiendo los mismos viejos errores una y otra vez

¡Conformista cagón, igual que tus viejos!

Lo que nos ha destrozado, aún más que las drogas, son los ladrones y los malditos mentirosos que le roban a la gente lo que se supone que compartían.
Y cuando alguien cae en desgracia, ¿le queda acaso algún amigo?
Yo soy mas hardcore que vos, por un año o dos, después es hora de conseguir un buen trabajo.
Otros se quedan en casa, no es divertido salir cuando los recitales están llenos de bandas y matones.

Cuando los matones forman bandas, fíjate a quién contratan las grabadoras.
Los sellos metaleros de Nueva York revolviendo la basura contratan las bandas mas racistas y prejuiciosas que pueden hallar para hacer dólares azuzando a los chicos a la guerra.
Camina a lo grande, actúa a lo pequeño.
Solo sé tan duro como te permita tu banda.
La unidad se va al carajo cuando se produce bajo la bota de alguien.

¿Dónde está la causa común?

Hay demasiadas facciones, todas poniendo cara de fastidio desde la protección de sus corazas.
"Ponte de acuerdo con nosotros en todo o no daremos ni una mano", ese tipo de actitud es la que agranda la brecha.
Adivina quién se reirá cuando el mundo estalle viendo que somos todos bebés llorones que sólo sabemos pelearnos entre nosotros.

Tan ansioso por satisfacer las reglas que te imponen tus pares cometiendo los mismos viejos errores una y otra vez.

¡Conformista cagón, igual que tus viejos!

Ha vuelto esa actitud flatulenta hacia el rock.
"Hay que competir, loco, tenemos que hacerla en grande"
¿Quién necesita amigos cuando la plata es buena?
Así es: los 70 han vuelto.
El rock metálico-fálico es como un mal laxante y no me impresiona, ¿sabes?
La música esta OK cuando hay más ideas que solos
¿Acaso necesitamos realmente toda esa pose?
Siempre cambiando de piel demasiado rápido, como fan eso me desilusiona.
Las mismas estúpidas letras macho-chauvinistas
¿Hablar de Satán es lo único que se les ocurre?

"Fusión" es sólo otra manera de decir "ausencia de ideas".
Quizás lo que necesitemos sea volver a cantar bajo el puente.
Los metaleros ¿aprenderán algo?
Los punks ¿renegarán de su educación?
Nadie puede evolucionar cuando se empieza a creer su propio verso.
"Madurar" no significa recrear los errores del pasado.
Cuanto más grandes los cambios más las cosas siguen igual.
No podemos crecer si no hacemos una autocrítica.

Los 60 no fueron un fracaso total.
Fueron los 70 los que apestaron.
Mientras pasa el tiempo seguimos cavando en el mismo agujero.
La escena musical no es la vida real.
No van a prohibir la bomba.
Ni van a eliminar las violaciones.
Ni van a tirar abajo los bancos.
Cualquier tipo de cambio real llevará más tiempo y más trabajo que cambiar canales en un aparato de TV.
Entonces ¿por qué estamos tan ansiosos de satisfacer los dictados con que nos presionan nuestros pares?
¿Para volver a cometer los mismos viejos errores una y otra vez?

¡Conformista cagón, igual que tus viejos!

Chickenshit Conformist
Del album Bedtime For Democracy de Dead Kennedys

Acero inoxidable


Soy de los que se deprimen los domingos. ¿Por qué? No viene al caso, pero la buena noticia es que nunca me quedo en la depresión y trato de buscar actividades para quebrar esa nostalgia rara que me embarga en esos días. Yo les llamo “antidomingos”, aunque no creo que esté inventando la pólvora con el término.

Algo parecido me pasó el viernes santo… ¿y cuál fue el “antiviernes santo” elegido para la ocasión? Ver a Motorhead en el microestadio de Argentinos Juniors. Mejor imposible.

"We are Motorhead, and we play rock and roll". Así arrancó el show del grupo más punk del metal. Porque, que me perdonen los metaleros, pero a pesar de que las raíces de la banda pasan por el rock de los 50 y 60, y el blues, Motorhead tiene un alto componente punk, tanto en la actitud, como en la manera de ejecutar estas influencias.

La clave es la manera en que se aceleran las canciones y la forma de tocar de Lemmy Kilmister, de 64 años. El veterano bajista rasga su bajo Rickenbaker como si fuera una guitarra y lo distorsiona al máximo, dándole a la banda ese sonido tan característico que te permite reconocerla de inmediato en cualquier parte.

Claro que esto es un trío, y un bajo poderoso no alcanza. El otro engranaje fundamental de la banda inglesa es esa pared humana llamada Mikkey Dee que le pega a los parches como ningún terrícola puede hacerlo. Sólo una vez me crucé con un baterista que toque de esta manera… y fue hace dos años, en la anterior visita de Motorhead. Créanme: vi muchas bandas en mi vida, pero animales como este no abundan.

Generando una sensación inversamente proporcional a Mikkey Dee, se encuentra el insoportable Phil Campbell en la guitarra. Perdón, es que no lo tolero: toca demasiado alto y agudo, no me va su estilo y hasta me molesta cómo camina por el escenario rumiando su chicle.

Con respecto al show, me resultó toda una paradoja que hace justo una semana vimos a Kiss y toda su parafernalia en River, y este viernes nos topamos con un evento absolutamente despojado de efectos, rústico en todo sentido. ¿Pero hacía falta algo más que música? La verdad que no y estuvo bien que así sea. Fue puro “palo y a la bolsa”, como dice mi amigo el Heavy, que me acompañó con su hijo Juan en esta ocasión.

Los mejores momentos en mi opinión fueron el arranque con Iron Fist y Stay Clean, luego con Another Perfect Day, también el solo de batería de Mikkey Dee, el set acústico y blusero con Whorehouse Blues, y el final con Ace of Spades y Overkill.

No soy un fan consumado de Motorhead y, de hecho, en varios pasajes del show me pregunté por qué no habré invertido el dinero de la entrada en ver a Radiohead en el Quilmes Rock. Sin embargo, y a pesar de no conocer todos los temas, la pasé bien, incluso con tanto malandra y marginal en los aledaños del recinto.

Luego de tanto heavy metal (o rock como lo llama Lemmy... ¿que hará Oasis entonces?) y con los oídos todavía zumbando, nos dirigimos a Petaca´s para ver como Newell's le empataba a Tigre sobre el final del partido, mientras degustábamos una sabrosa pizza.

Como ven, no nos privamos de nada...

Super reseña: Kiss en Argentina


Tardé mucho en escribir esta reseña. La falta de tiempo es un motivo, pero no el único. También necesitaba madurar algunas ideas en mi cabeza, analizar las opiniones de propios y extraños, y leer lo que escribieron los medios masivos y especializados, y también algunos blogs como el del siempre lúcido Mike de Kissteria. Necesitaba todo eso y, como esta bitácora no está presionada por urgencias periodísticas, pude darme ese lujo.

Los que me conocen saben que Kiss es mi banda preferida. No es la mejor, ni la más cool, ni la más moderna, es simplemente la que me cautivó para siempre siendo muy pequeño. Mucho antes de entender el significado de la palabra “rebeldía”, Kiss fue una tabla salvadora entre tanta música desechable en este país: mientras el mundo se sumergía de lleno en la new wave y el post punk, en Argentina los artistas del momento eran Raffaella Carrá, Richard Clayderman, Village People y los Bee Gees con su Fiebre de sábado por la noche. En este microclima a contramano del mundo, la música y la estética de los cuatro neoyorkinos era mal vista por las figuras de autoridad y considerada un perjuicio para la juventud, condimentos extras que terminaron de capturar a un pequeño y solitario Inconsistente de tan sólo ocho años.

Con este background llegué el sábado a River para presenciar el tan ansiado recital de Kiss en Argentina luego de diez años de ausencia. No supe nada de las bandas teloneras, sólo presencié los minutos finales de un potente set de los Ratones Paranoicos. Luego supe que hubo cierto mal humor del poco carismático Germán Daffunchio de Las Pelotas, que tuvo que lidiar con la incomprensión de una Kiss Army poco interesada en su música.

Welcome to the show

All right Buenos Aires. You wanted the best, you got the best, the hottest band in the world: ¡Kiss! La ya clásica frase de batalla fue el preludio de un show histórico, con todo lo bueno y lo malo que esto implica.

El set list estuvo compuesto en su mayor parte por temas del antológico disco en vivo Alive de 1975, arrancando con Deuce, siguiendo con Stutter, Got to Choose, Hotter Than Hell, Nothin´ to Lose, C´mon and Love Me, Parasite, She, Watchin´ You, 100.000 Years, Cold Gin, Let Me Go, Rock n´ Roll, Black Diamond, y terminando en forma absolutamente festiva con Rock and Roll all Nite. De este disco sólo hubo dos ausencias: Rock Bottom y Firehouse, este último, verdadero clásico de la banda que siempre fue ejecutado en vivo y donde Gene Simmons hacía su tradicional acto lanzallamas, llevado a cabo esta vez al final de Hotter Than Hell.

Salvo por Rock and Roll all Nite, me atrevería a decir que esta primera parte con pocos hits fue sólo para entendidos. No digo que no haya sido disfrutada por el público masivo, sino que fue como una máquina del tiempo para los fans, los que en su gran mayoría tenemos a este disco como uno de los trabajos más representativos de la banda.

Le siguieron los bises con Shout it out Loud, Lick it Up, I Love it Loud, I Was Made Lovin´ You, Love Gun y Detroit Rock City, ahora sí, con un público totalmente enfervorizado, que cantó y aulló con cada una de las canciones.

Como balance me quedo con una sensación: Kiss está pasando por un buen momento. La banda suena bien, sin fisuras, compacta, y eso se nota en el buen humor de los músicos, algo que faltó en la última visita donde las tensiones grupales eran más que notorias.

A nivel individualidades, quiero empezar por el guitarrista Tommy Thayer, el tipo al que le toca estar nada menos que en los zapatos de Ace Frehley en su rol de Spaceman. Coincido con Mike en que no cuenta con el carisma que tenía Ace, pero creo que sabe suplir esa falencia con una ejecución impecable de todo el repertorio. Thayer toca igual que Frehley, pero sin sus tradicionales pifies en vivo (para el que no lo sabe, es fan absoluto de Kiss y Ace Frehley es su ídolo, por lo que está viviendo el “sueño del pibe” a los 49 años). Además, está sobrio, no da problemas y es un empleado obediente, algo que Gene Simmons jamás pudo lograr con Ace. Y esto que voy a decir es una blasfemia, pero no me importa: luego de ver la lamentable performance de Frehley en su última visita a Buenos Aires, prefiero que su lugar sea ocupado por el bueno de Tommy. Lo siento.

La batería y el papel de Catman corren por cuenta de Eric Singer, pero bajo una realidad totalmente diferente. Singer lleva el maquillaje de Peter Criss y canta en Nothin´ to Lose y Black Diamond, pero las semejanzas se terminan ahí. El baterista, que ya estuvo en Kiss en su etapa del disco Revenge, así como en otras bandas como Black Sabbath o Alice Cooper, tiene un estilo propio que poco y nada tiene que ver con la onda jazzera de Criss. Sin embargo, la banda sale ganando con esta diferencia, y tal como ocurre con Thayer, su desempeño es muy superior a la etapa final de su antecesor, al que todos amamos, pero tenemos que admitir que va derecho al retiro. Lo siento otra vez.

El bajista Gene Simmons me dejó una sensación extraña: no lo noté conectado 100% con el recital. Estaba ahí, pero no estaba entregado, o por lo menos no tanto como el resto o como solía estarlo antaño. De todas maneras, su carisma es demoledor y su presencia avasallante, por lo que cautivó completamente al público que festejó cada una de sus apariciones, incluso en el momento en que quedó a mitad de camino, colgando a metros del suelo, cuando se suponía que debía elevarse hasta una plataforma en lo más alto del escenario para terminar de cantar luego de su acto de vomitar sangre.

Para los que conocemos la historia de la banda, esta situación con Simmons es casi un deja vu. No es la primera vez que se entrega en forma regulada debido a sus actividades extra musicales. En el pasado, por su fallida carrera cinematográfica, y en la actualidad, por sus negocios y realities de dudosa calidad.

La verdadera estrella del show fue Paul Stanley. El vocalista y guitarrista se calzó al hombro la banda, y hoy por hoy es su corazón y motor creativo. Fue suya la decisión de volver a los estudios para grabar luego de una década –a pesar de la negativa de Simmons, enojado con los fans que descargan música de Internet– y también fue quien decidió producir el disco, tal como ocurrió en los 80, cuando Simmons estaba ocupado filmando bodrios clase B en Hollywood.

A pesar de abusar de ciertos clichés, como las lamentables y repetidas frases en español “esta noche es la noche” y “no hablo el español muy bien pero comprendo sus sentimientos y sus corazones, y mi corazón es suyo”, lo de este tipo fue notable, demostrando nuevamente por qué es uno de los front man más grandes de la historia del rock. ¿Qué hoy por hoy se parece más al Marcel Marceau de la vejez que al Paul Stanley de la juventud? Es cierto, pero no parece haberse dado cuenta o no parece importarle, y la verdad que a mi tampoco.

En definitiva, Kiss dio un show de los que se ven poco y nada en esta parte del mundo. El sonido fue casi perfecto –hubiera deseado más volumen– y la puesta en escena despampanante, como debe ser en cualquier recital de la banda. Si me pongo quisquilloso, sólo puedo achacarles algo: tanta prolijidad y pasteurización. En los videos de los años 70 se los veía tan salvajes… Me encantaba que Stanley se quedara sin aire de tanto saltar y tuviera que saltear una estrofa; que Peter Criss terminara revoleando su batería al final de Black Diamond, como ocurrió en el programa Midnight Special de 1975; o que Simmons convirtiera su solo de bajo y vómito de sangre en una salvajada visual nunca vista.

Extraño ese salvajismo de antaño, esa aura peligrosa y prohibida que sabían potenciar como nadie. Pero habrá que resignarse: supongo que todos estamos envejeciendo, ¿no?

Esta noche es la noche


Ya no son peligrosos
Ya no son polémicos
Ya no son misteriosos
Ya no son (tan) salvajes
Ya no son odiados por tus padres y todas las figuras de autoridad…

Pero siguen siendo Kiss. Y esta noche lo van a volver a demostrar. Tengo mucha expectativa con este show y mi ansiedad crece minuto a minuto.

En instantes me junto con mis amigos y vamos para River. Ya no llegamos para Massacre ni para Molotov –aunque a quién le importa– aunque estamos a tiempo para ver a Las Pelotas y los Ratones Paranoicos. Quizás, guardemos las energías y nos quedemos en casa del Heavy para ver Boca - Godoy Cruz y salgamos con lo justo. Ya veremos.

Mañana mi reseña.

La noche de la Bestia


La agenda estaba complicada. A la tarde, me esperaba una jornada de trabajo atrasado en casa. Después, fútbol en Belgrano con mis amigos de siempre. Le seguiría el primer tiempo de Argentina – Venezuela en el bar de la cancha, para luego enfilar a las duchas y trazar una ruta veloz hacia Vélez para llegar justo al show de Iron Maiden, en la segunda fecha del Quilmes Rock.

Y que fantástica es la sensación cuando todo te sale redondo, si hasta conseguí rápidamente un bonito lugar para estacionar a tres cuadras del estadio y obtuve mi espacio en la fila de ingreso mediante una maniobra no del todo honorable, pero que me aseguró la ausencia entre las 5 mil almas que seguían fuera del estadio cuando la banda ya había arrancado con Aces High.

¿Y qué pasó con Lauren Harris, Horcas, O' Connor y Sepultura? Bueno, mi excusa perfecta es que no se puede estar en varios lugares al mismo tiempo, pero en realidad mi negativa a ver a los teloneros de Maiden se debe a que más de un recital de heavy metal en una noche ya es demasiado para estos huesos rockeros. Lo viví en el último concierto de Motorhead en el Luna Park y me prometí que no volvería a experimentarlo.

Recuperando el eje de lo que nos reúne en este post, debo decir que, con una audiencia estimada en 42 mil personas, Iron Maiden dio un show al que me atrevería a definir como asombroso y mágico.

De entrada me alegró comprobar que el set list estaba lleno de clásicos de los primeros 80s, cuando Maiden significó mucho para mí. Así se sucedieron una tras otra gemas como Wrathchild, 2 Minutes to Midnight, Children of the Damned, Phantom of the Opera, The Trooper (con Bruce Dickinson vestido como un soldado de la Guerra de Crimea, y agitando una bandera británica), Wasted Years, The Rime of the Ancient Mariner (increíble el clima que lograron con este tema de 14 minutos, incluida la bruma y el crujir de los mástiles del barco), Powerslave, Run to the Hills, Fear of the Dark, Hallowed by the Name, Iron Maiden, The Number of the Beast (imagináte a 42 mil tipos gritando “666, el número de la bestia” con los puños en alto) y Iron Maiden, entre otros que ya me olvidé.

¿Qué más se puede decir sobre esta maquinaria perfecta que ya no se haya dicho y escrito? Sólo puedo expresar sensaciones. En ese plano, me impresionó ver a Steve Harris batiendo sus habituales récords de cantidad de notas por segundo. Este tipo fue uno de los ídolos de mi adolescencia y ahí estaba: aporreando su bajo, con la mirada amenazante y corriendo por el escenario como poseso. Increíble.

¿Y Bruce Dickinson? Cuando gritó por primera vez “Scream for me, Buenos Aires”, cerré los ojos y me encontré en la casa de mis viejos, con mis 15, quizás 16 años, escuchando el disco Live After Death, donde al clamor de “Scream for me, Long Beach”, la audiencia rugía, rendida ante la pericia de este front man de la vieja escuela.

También destaco el trabajo de las guitarras trillizas de Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers. Nunca fui fan de ninguno de los tres, pero qué capo hay que ser para que el sonido de tres violas no se vuelva una bola de ruido en una banda de estas características. Mención aparte para Nicko McBrain, que ya no le pega tan fuerte a los parches, pero que suple la edad con mucho –muchísimo– oficio.

Además, nos dimos el gusto de ver a Edward the Head o simplemente Eddie, la “mascota” de la banda, tanto en su versión momia –casi la misma que aparecía amenazante detrás de Nicko McBrain en las fotos internas de Live After Death– como en el modo futurista al estilo Somewhere In Time.

En definitiva, llegué a Vélez con una actitud muy superada, suponiendo que ya nada me sorprendería, y me encontré con seis tipos orgullosos de su origen, que nos llevaron en un viaje en el tiempo hacia el pasado de la agrupación más representativa del metal británico. ¿Pura nostalgia? Puede ser. Pero para despejar dudas, Dickinson ya avisó que la banda está plenamente activa, y que habrá nuevo disco en el 2010 y otra visita en el 2011.

Volví a mi casa destrozado, pero feliz. Estaba tan encandilado que me perdí en el viaje de vuelta pensando que estaba acortando camino y zafando de la congestión de Juan B Justo.

Aunque la verdad es que no me importó... ¿Viste cuando todo te sale redondo?

El regreso del Long Play


“La belleza en la compra de un LP solía ser que conseguías una obra de arte, algo en lo que alguien trabajó mucho para volverlo creativo, dinámico e interesante de mirar; y tal vez hasta podías ponerlo en tu pared. Ahora con los CDs, todo lo que ves es el nombre de alguien”.

Después de leer estas declaraciones de Paul Stanley, vocalista y guitarrista de Kiss, corrí a buscar mi disco importado de Rock and Roll Over. El mismo que guardo como un tesoro, el mismo que venía con el vinilo rojo. El único LP que me queda…

En este mismo momento, Kiss está grabando en forma analógica su nuevo disco, el primero en más de diez años. Y parece que hay entusiasmo, porque Stanley se animó a afirmar que la banda editaría el álbum en vinilo, si la demanda de la gente es suficiente como para justificar una locura semejante.

Creo que hasta me compraría un tocadiscos usado en Mercado Libre sólo para volver a escuchar a Kiss en vinilo.

¿Y vos tenés algún vinilo archivado por ahí? ¿Llegaste escucharlos?

Circle Jerks en Buenos Aires


Acabo de llegar del recital de Circle Jerks en El Teatro de Flores. Debo decir que he pasado un anoche estupenda y, contradiciendo a Groucho Marx, sí ha sido esta (“he pasado una noche estupenda, pero no ha sido esta”, hubiera dicho el hermano Marx).

La banda californiana sonó muy ajustada y el público respondió con todo su fervor. Esperaba encontrar más asistencia, teniendo como antecedente los recientes recitales de otras leyendas del hardcore estadounidense, como Misfits o Suicidal Tendencies; pero la respuesta de la gente fue tan visceral que los pocos espacios vacíos no se hicieron notar.

Admito que me sorprendió que no hayan tocado tres temas de mi predilección: Wonderful, Heavy Metal Weekend y Love Kills, pero este detalle no alcanza para opacar tanta diversión. Si hasta me encontré con algún conocido de las clases de boxeo y me alegré de cruzarme con tantos colegas rockeros, punks y skaters (¿debería agregar “ex” delante?) entrados en años y en kilos, just like me. Todo muy digno, igual.

Llegué algo tarde, suponiendo que todo iba a arrancar a cualquier hora, como de costumbre, y por eso me perdí a Massacre. Leí por ahí que iban a hacer un show nostálgico, recordando el repertorio de los años en que se llamaban Massacre Palestina. Una pena.

Mi próximo show internacional será el de Iron Maiden, salvo que antes decida ir a ver a Peter Gabriel o a Radiohead y Kraftwerk.

Más reseñas en breve...

Visitas ilustres


Entre el próximo miércoles y el 2 de junio tocan las siguientes bandas y solistas en Buenos Aires:

- Peter Murphy: Miércoles 11 de febrero - Gran Rex
- Circle Jerks: Viernes 6 de marzo – El Teatro de Flores
- Keane: Sábado 7 de marzo – Club Ciudad
- Radiohead/Kraftwerk: Martes 24 de marzo – Club Ciudad
- Iron Maiden: Sábado 28 de marzo - River
- Kiss: Domingo 5 de abril - River
- Motorhead: Viernes 10 de abril - Estadio Malvinas Argentinas
- Riders on the Storm: Sábado 25 de abril - Estadio Malvinas Argentinas
- The Sisters of Mercy: Miércoles 2 de junio - El Teatro de Flores

Y quiero verlas a todas…

Ciertamente estoy preocupado por mis finanzas. Creo que es hora de apelar a la chapa de fiel integrante del “cuarto poder” y comenzar a solicitar entradas de “cortesía” a mis habituales contactos.

Los grupos con los que no pienso claudicar son Kiss, Iron Maiden, Motorhead y Circle Jerks. Al resto puedo sobrevivir sin verlo, aunque The Sisters of Mercy me tienta y mucho. Para el último trimestre del año se espera a AC/DC y ahí sí que detona mi frágil universo.

¿Y vendrá Depeche Mode? Luego de haber visto la despedida mundial de New Order, sería un estupendo broche de oro de una era poder presenciar un show de la banda de David Gahan.

Ya habrás notado que ver recitales en vivo es una de mis pasiones, junto con el cine, por supuesto. Siempre fui así: cuando era chico prefería ir a ver bandas o a bares donde pudiera presenciar videos en vivo, antes que ir a bailar a lugares horrendos como la City.

No es que nunca haya ido, simplemente no eran “mi lugar”. Todo era superficial y vacío. ¿Me explico?

¿Y vos a qué banda le tenés ganas en esta o en tu propia lista?

Descubriendo a Utopians


El viernes fui al Salón Pueyrredón a fotografiar a mis amigos de Bare, en su último show con el Heavy. A pesar que se percibía cierta tensión escénica, el grupo sonó bien y no me defraudó. Nunca lo hace...

A continuación me quedé perplejo con la actuación de Utopians, una banda de garage-punk que se las trae. Bajo el comando de la pequeña Barbi Recanati, Utopians es un tsunami sonoro, un tren bala que le puso ritmo a mis sacudidas craneales durante una hora y pico.

Me puso feliz saber que hay bandas que suenan así, que hay pendejos que todavía apuestan por la música que me gusta. De verdad, creía que todo estaba perdido...

Más info sobre Utopians acá, acá y acá

¿Hay algo que te haya sorprendido últimamente? ¿Que te haya hecho sentir que no todo está perdido?

La barra absurda


El Inconsistente: ¿Me das una cerveza?

Pibe de la barra: Tenés que comprarla en la barra de arriba. Yo no vendo.

El Inconsistente: Pero está lleno de botellas. Dame un destornillador, entonces.

Pibe de la barra: Es que no vendo bebidas. Comprála arriba.

El Inconsistente: Pero el recital es acá si voy arriba me lo pierdo.

Pibe de la barra:...

El Inconsistente: ¿Qué hacés en la barra entonces y para qué hay tantas botellas?

Pibe de la barra:... (Se puso sus auriculares y volvió a su mundo).

Absurdos episodios como éste ocurren noche a noche en la urbe porteña, y le sucedió a El Inconsistente, el sábado pasado, durante el show de Bare en Remember Pub (Corrientes 1983).

Una vez, hace ya muchísimos años, dejé una botella de agua vacía en la heladera de mi primer trabajo (¿o era el segundo?). Cuando la vio, el que era mi jefe me preguntó: “¿Guardás una botella vacía por si nadie quiere agua?"

Creo que la razón de ser de esta barra es bastante similar...

¿Cuál es la cosa más absurda que te pasó últimamente?

Grítale al Diablo (bajo la lluvia)


Histórico...

Este es el primer adjetivo que se me ocurre para definir el debut de Mötley Crüe en Argentina, en una noche que prometía ser desastrosa, por las cuestiones climáticas ya conocidas por todos, y terminó siendo apoteósica.

El mal tiempo había amagado con arruinar la fiesta durante toda la tarde del sábado, aunque recién se largó cuando Rata Blanca estaba terminando su show, justo antes que llegara Mötley Crüe.

Antes vimos pasar a la banda tributo Kiss my Ass, que reproduce con exactitud la estética del Kiss de 1977, pero que musicalmente está a años luz del cuarteto de Nueva York. También asistimos a los shows de El Club de Marilyn, una intensa banda con mucha influencia de los New York Dolls; Horcas, con su metal más extremo e intolerable; y Viticus, con su rock and roll clásico y contundente.

Finalmente, a las 10:10pm, con media hora de retraso –que nos pareció eterno y casi insoportable– Mötley Crüe salió al ruedo con Kickstart my Heart para locura de las 20 mil almas que se olvidaron rápido del frío y la lluvia, interrumpida milagrosamente justo antes del comienzo del recital.

Para cuando llegó Shout at the Devil (en el que se proyectaron en pantalla imágenes de George W. Bush haciendo el famoso gesto obsceno) la amenaza de los relámpagos se convirtió en un implacable aguacero que no paró hasta el final y que empapó tanto a la banda como a la audiencia. Ahí fue cuando apareció la garra del público, que se mantuvo estoico en su lugar coreando cada una de las canciones, y los huevos de la banda de Los Ángeles que se entregó por completo a este ritual al que me atrevo a dudar que sus integrantes hayan visto en otra parte del mundo.

Los temas se fueron sucediendo uno tras otro, sin descanso: Wild Side, Primal Scream, Looks that Kill, Shout at the Devil, Girls, Girls, Girls, Dr. Feelgood, Same Ol’ Situation, Louder Than Hell, Mother Fucker of the Year, Red Hot, Don't go Away Mad y el bis con la balada Home Sweet Home.

En definitiva, Mötley Crüe remontó una velada difícil y dio un show de hard rock impecable, con garra y corazón. Hubo un poco de demagogia con el baterista Tommy Lee gritando que “Buenos Aires es oficialmente la mejor ciudad donde tocamos” o con el bajista Nikki Sixx desplegando una enorme bandera argentina, pero no es algo que ya no hayamos visto en otros recitales. Así que lo tomo como una nota de color y nada más.

Incluso me animo a poner esta noche en mi top five personal de recitales. De hecho, comentamos con el Heavy en el auto que cuando seamos viejos y decrépitos, seguramente vamos a recordar esta jornada como un gran momento de nuestras vidas.

Y no, no estoy exagerando...

Ahora te pregunto: ¿Qué recitales componen tu top five personal?

Carnaval de pecados


Esta noche voy con el Heavy y Juan a ver a Mötley Crüe, que cierra la novena fecha del Pepsi Music en el Club Ciudad.

Nunca fui fan de la banda, pero es su primera vez en el país y no es mala idea presenciar su espectáculo. Todavía sigo creyendo que sus dos primeros discos –Too Fast for Love (1981) y Shout at the Devil (1983)– son rescatables, y quiero ver cómo suenan en vivo, aunque por lo que se puede apreciar en su último DVD, Carnival of Sins, pareciera que cumplen con lo prometido.

Como ya dije, nunca enloquecí con su sonido, pero creo que también tengo por ahí Theatre of Pain (1985) y Girls, Girls, Girls (1988), y escuché alguna vez Dr. Feelgood (1990), pero hasta ahí llegué, por lo que no tengo idea de lo que vino después, incluido su último trabajo The Saints of Los Angeles.

Aprovecharemos para ver a Kiss My Ass, banda tributo a Kiss que viene precedida por una buena reputación, y a Viticus, que es medio mersa para mi gusto, pero que suena indiscutiblemente bien. Lamentablemente tendré que tolerar en el camino a ese bochorno musical conocido como Rata Blanca.

Espero soportar toda esta maratón. Ya no estoy para estas extensas muestras de espíritu rockero...