Reunión de la primaria (parte 2)


Viene de Reunión de la primaria (parte 1)

El Inconsistente se puso a hacer memoria y se anotó en una lista algunas cosas que recuerda de su infancia en el barrio de Palermo. Posiblemente muchas ya no existan más:

- El Club Estrella Maldonado –aunque este sigue, espero–, con sus bailes de Carnaval, su pileta y los duelos de natación con el club Villa Crespo de Juan B Justo y Corrientes, hoy convertido en un moderno Megatlón.
- Las Bodegas Giol y su característico olor a vino que apestaba toda la zona.
- El mural del racimo de uva de Soler y Humboldt.
- Los partidos de papi fútbol en el Club Obreros de Maldonado en Ravignani y Gorriti.
- El potrero de Loyola y Fitz Roy, donde hoy se encuentra el estacionamiento de La Caja y donde pastaban los caballos de los mateos que andan por el Rosedal.
- El terreno baldío conocido como El Triangular, ubicado en Bonpland y Castillo, donde El Inconsistente, Helvi y Kike instalaron su centro de operaciones y lo defendían de los invasores a puro piedrazo. Hoy en día es la terminal de la línea 176.
- El mercado de Bonpland, entre Honduras y Gorriti (su foto ilustra este post).
- El mercado de Dorrego, donde hoy funciona el Mercado de Pulgas.
- La heladería Oms de Carranza y Santa Fe, que regalaba helados a los chicos de la zona cuando terminaban las clases. Imposible hoy en día.
- La panadería El Cóndor, de Córdoba y Ravignani, donde la mamá de El Inconsistente compraba las bombas de dulce de leche para tomar con el café con leche de la tarde mientras miraba los dibujitos por la tele. Hoy se emplaza en su lugar una bonita torre.
- Las carreras de carritos a rulemanes cuando el puente Juan B Justo estuvo en reparaciones y cortaron la avenida.
- La fábrica de ropa deportiva Atleta, donde todo el 6º grado del colegio Juan Crisóstomo Lafinur mandó a hacer las camisetas de su equipo de fútbol. Era naranja de piqué con el número en negro. El Inconsistente todavía la tiene, es la número 5.
- La pizzería Punto y Banca en la esquina de Gorriti y Bonpland.
- La fábrica de hielo de Carranza y El Salvador.
- La terminal de la línea 57 en Arévalo y Soler.
- La bicicletería Celta de la calle Bonpland y Soler, donde todos le compraron a “El Gallego” su primer bicicleta.
- La gomería Gomasa de la calle Bonpland y Córdoba donde todos llevaban a inflar la bici o la pelota.
- Los bomberos de Guatemala y Ravignani.
- Los gitanos de Bonpland y Córdoba.
- Abrojito, El Negativo, Bujía, Carlitos (Humberto), el Loco Carlitos, Oscar y todos los personajes raros del barrio.
- La Cultural Inglesa de Fitz Roy y Santa Fe.
- La peluquería de Luca en la calle Bonpland (está todavía, confirmado)
- Los conventillos, ahora habitados por gente linda y moderna.
- Las inundaciones en la avenida Juan B Justo ya que por debajo circula entubado el arroyo Maldonado.

Eran tiempos en donde se jugaba a la pelota en la calle y de portón a portón, porque no había plata para otra cosa. Donde quien ponía la pelota –Plastibol, porque las de cuero eran inaccesibles– gritaba “Pincha, cuelga, rompe, garpa”, y donde el balón siempre, pero siempre, terminaba en la casa de alguna vieja.

Donde había casas abandonadas que esperaban la visita de El Inconsistente y sus amigos, donde en la calle se jugaba a la escondida, al tinenti y a los cochecitos de plástico, los que se rellenaban con masilla y se le reemplazaban las ruedas delanteras por una cuchara.

Y como dijo el amigo Kike, “donde la amistad valía más que cualquier cosa”.

Hace poco, El Inconsistente escribió en un grupo de Facebook lo siguiente:

“Admito que cuando Palermo comenzó a cambiar me pareció interesante algo de evolución y aire fresco. Que se reciclaran casas viejas, que la fábrica de Atleta se convierta en América TV y que se recupere un poco una zona que estaba para atrás desde hacía décadas no me resultaba una mala idea.

Pero cuando arrancaron los restaurantes caretas y las torres, me empecé a hinchar las pelotas. Luego llegaron las productoras, las galerías de arte, las tiendas de ropa con precios absurdos, los turistas y toda la fauna de gente snob.

Ahora ya no se puede ni estacionar, porque aparece un trapito que pretende cobrarte la estadía.

`¿A mi me vas a cobrar, gil?´, le escupí una vez a uno de esos engendros cuando recién comenzaba esta absurda actividad. `Yo nací acá, yo jugaba a la pelota sobre los adoquines que estás pisando y este portón era mi arco, y justo en esa pared me rompieron el labio de una piña cuando tenía 10 años. A mi no me podés cobrar´".

A pesar que ahora vive en otro barrio, este autor jamás hizo el cambio de domicilio. No fue sólo porque le rompe mucho las pelotas hacer trámites, sino también por motivos nostálgicos. Es que siente que “su lugar” sigue siendo Palermo, donde todavía viven sus viejos y se mantiene encapsulada su niñez.

Y no se quiere marchar de allí...

¿Cuál fue tu barrio de la infancia? ¿Qué recuerdos tenés?

Reunión de la primaria (parte 1)


Anoche, El Inconsistente se juntó a cenar con sus compañeros de la primaria, en la parrilla Oviedo de Guatemala y Humboldt. El encuentro no es caprichoso, la moda Facebook prendió fuerte y seguramente en cada restaurante de la ciudad había una mesa con encuentros de este tipo.

Tampoco la elección de la zona es caprichosa. El Inconsistente nació en Palermo Viejo –cuando Hollywood sólo estaba en las películas y nadie entendía el significado de la palabra Soho– y el colegio al que concurrió estaba en la calle Gorriti, entre Bonpland y Carranza. Así que la reunión se tenía que quedar en el barrio, aunque ya no sea su barrio.

El autor de está bitácora tenía muchos reparos con respecto a esta tertulia. Tenía la seguridad que iba a ser un fiasco y que se iba a aburrir como nunca.

Se equivocó…

La verdad que fue un gran encuentro, lleno de recuerdos, algunos totalmente borrados de su memoria. Y aunque la gente cambia, y El Inconsistente ahora tiene poco o nada en común con sus ex compañeros, la nostalgia se impuso y convirtió el encuentro en una hermosa experiencia.

También le resultó gratificante comprobar que los años –25 en total– han sido bastante benévolos con su persona, por lo menos si se compara con algunos de los presentes. Y que en el debe y haber de la vida salió bastante bien parado, aunque le provocó cierto abatimiento confesar que, no sólo no tiene hijos, sino que tampoco está casado y que ni siquiera tiene pareja estable en este momento.

Terminada la cena el grupo salió a caminar por Palermo y arribó a un bar cuyo nombre este autor ya no recuerda. Ahí se bebieron unos tragos –El Inconsistente quería un mojito y, frustrado, tuvo que conformarse con un par de caipirinhas– para luego retomar la marcha hacia Sonoman, sito en Fitz Roy y Honduras, epicentro del caretaje que se adueñó de este barrio y que parece no tener intenciones de devolver.

En el camino, fueron muy fuertes las sensaciones. En cada cuadra se toparon con una casa donde había vivido a alguien de la primaria. “Acá vivía Mariana A. ¿Te acordás? Era la casa más linda del barrio y ahora se pierde entre tanto edifico nuevo y bar fashion. Y en ésta, Gladys M, y en aquella Martín C y más allá Abel P…”.

Fue abrumador para sus sentidos. Es que cada esquina, cada adoquín de ese barrio forman parte de su vida. Una vida mucho más sana que la que les toca transitar a las nuevas generaciones. Donde no había Playstation, ni Internet, y sí mucha bicicleta y fútbol en la calle.

Anoche, antes de dormirse, El Inconsistente volvió a pensar en el barrio.

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¿Te reuniste con alguien últimamente? ¿Con quiénes y cómo la pasaste?

Me hubiera gustado conocer a este tipo


No estoy escribiendo mucho últimamente, ni siquiera leo y comento en mis blogs de interés. Ando desganado, cansado, acalorado y fastidiado... debe ser la proximidad de fin de año y de mi cumpleaños, que me suele afectar bastante.

Pero esta noticia amerita un post, aunque sea breve: me acabo de enterar a través de Axel Kutchevasky del fallecimiento de Forrest J Ackerman.

“Uy sí que mal, pero quién es”, estarás pensando.

Bueno, para los fans de la ciencia ficción el tipo es una suerte de prócer por ser el editor y fundador de la revista Famous Monsters of Filmland. También era propietario de una enorme colección de recuerdos relacionados con películas y la literatura del género que llenaban cada rincón de su mansión ubicada en una colina con vista a Los Angeles.

Se dice que descubrió a Ray Bradbury, autor de los clásicos Fahrenheit 451 y Crónicas marcianas, y que creó el término sci-fi en 1954 cuando iba en un auto escuchando la radio y un locutor dijo hi-fi.

Todos los sábados por la mañana el viejo Forry abría la puerta de su hogar para aquellos interesados en conocer sus tesoros. El crítico Sebastián Tabany me contó que incluso lo llevó a comer y el tipo tenía la mejor onda y predisposición para contar sus increíbles anécdotas.

Como me hubiera gustado conocer a este tipo...

¿Te pegó mal la muerte de alguna figura recientemente?