Portfolio de Michael Muller



Me gustó el trabajo de este tipo. Es de lo mejor que he visto últimamente...

Si querés ver más de su obra fotográfica clickeá acá y acá

Revisando Los siete samuráis de Kurosawa


El cine conoció grandes maestros, pero muy pocos tan enormes como Akira Kurosawa. La filmografía del realizador japonés es legendaria, y muchas de sus películas podrían ser calificadas como obras maestras. Sin embargo Los siete samuráis (Shichinin No Samurai, 1954) es, en mi opinión, su obra cumbre. Y la acabo de comprar en DVD, por sólo 19 pesos, en Musimundo.

La acción transcurre en el Japón feudal del siglo XVI. Los habitantes de un poblado de campesinos, hartos de ser periódicamente asaltados por una horda de bandidos, deciden hacer algo al respecto. El miembro más anciano del pueblo sugiere contratar samuráis para que los defiendan. Tras varios intentos fallidos de encontrar caballeros dispuestos a luchar sólo por la comida, encuentran a uno llamado Kanbei, que decide ayudarles. Gracias a Kanbei consiguen reunir a un grupo de siete, y parten hacia el pueblo.

Tras la cosecha, los samuráis entrenan a los campesinos para que luchen contra los bandidos, los cuales sufren algunas bajas en los primeros ataques al poblado. Los forajidos intentan diferentes estrategias, pero no consiguen derrotar a los aldeanos, por lo que al final se lo juegan todo en un último ataque. Eventualmente, cuatro de los samuráis mueren, pero los bandidos son masacrados y el poblado gana la batalla. Tras esto, los samuráis supervivientes abandonan el pueblo y vuelven a su anterior modo de vida.

En Los siete samuráis, Kurosawa construye una cinta épica de una belleza visual única, ya sea en las escenas donde se suceden los conflictos humanos entre un hombre y una mujer, como en las batallas, especialmente una que ocurre bajo la lluvia, quizás una de las imágenes en blanco y negro más célebres de su obra.

La película tuvo varias adaptaciones. La primera y más famosa fue el western Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960) dirigida por John Sturges, y con un reparto que incluía nada menos que a Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, Brad Dexter, Whit Bissell, Vladimir Sokoloff.

Sinfonía de destrucción


Todavía me duele el cuello, creo que me desalineé alguna vértebra. Soy un headbanger maltrecho. ¿Culpas? Primero, yo mismo por no regular mis movimientos de cabeza. Segundo, Megadeth, por entregarnos una hora y pico del mejor metal que se ha visto por acá en algunos años.

Megadeth es local en Argentina. No muchas bandas cuentan con este (dudoso) galardón. Los Ramones fueron locales durante su existencia e Iggy Pop todavía lo es. No sé cuántos más. Y claro, Megadeth que tiene un genuino romance con la afición argenta. El ya clásico “Aguante Megadeth”, coreado por el público durante Symphony of Destruction –que ha recorrido el mundo a través de su último DVD, That One Night, grabado durante el Pepsi Music del 2005– es una clara prueba de este fenómeno.

La banda abrió con United Abominations, de su último trabajo homónimo. He leído que el disco es una abierta declaración contra la política exterior estadounidense. Y a juzgar por los dichos de Dave Mustaine parece que es así: “Ustedes saben que habrá un cambio de presidente en EE UU”, gritó en inglés. “¡Eso es lo que necesitamos, un cambio!”.

Luego llegó el repaso de los grandes y no tan grandes hits de la banda (te los paso al boleo, porque no recuerdo el orden): Sweating Bullets, Symphony of Destruction, Sleepwalker, Burnt Ice, Gears of War, Washington is Next, She Wolf, Wake Up Dead, Darkest Hour, Peace Sells (mi tema preferido desde siempre), Hangar 18, Tornado of Souls, Ashes in your Mouth, Holly Wars, Trust y la celebradísima A Tout le Monde, luego de la cual el guitarrista Chris Broderick ejecutó a la perfección los acordes del Himno Nacional Argentino. ¿Demagogia? Quizás, pero fue un momento sublime.

Además del colorado Mustaine y ese animal de la guitarra (Chris Broderick), la banda se completa con Shawn Drover (batería) y James LoMenzo (bajo). Y aunque esta versión de Megadeth está a años luz de lo que fue la mejor formación –con Nick Menza, Marty Friedman y David Ellefson– la banda suena muy bien y dio cátedra de cómo se hace un show de metal. Está claro que, a pesar de su ya histórica inestabilidad emocional y profesional, Mustaine siempre se rodea de los mejores músicos.

“Olé, olé, olé, olé, Mustaine, Mustaine”, aclamó el público cada vez que hubo un silencio y el cantante y guitarrista disfrutó de su localía con la mejor sonrisa, en su caso, sólo una mueca. “Gracias Argentina... los amo mucho”, dijo sincero y emocionado en el saludo final.

Y yo me fui a casa contento, con los oídos zumbando, con el cuello dislocado, pero feliz como un adolescente. En el apretujón de la salida, rumbo a la gélida noche porteña, me rocé con algún gordo sudoroso en cueros (pocas cosas en el mundo me dan más asco que eso), pero mi humor era tan bueno que lo resistí estoico. Me comí una hamburguesa con queso en el Burguer de Corrientes, me tomé un taxi y me derrumbé en la cama apenas traspasé el umbral de mi hogar.

¿Por qué todos los días no pueden ser así?

Jinetes en la tormenta




Riders on The Storm (The Doors)
Jinetes en la tormenta
Jinetes en la tormenta
En esta casa nacimos
A este mundo fuimos arrojados
Como un perro sin un hueso
Como un actor con deudas

Jinetes en la tormenta
Hay un asesino en la carretera
Su cerebro se retuerce como un sapo
Toma unas largas vacaciones
Deja que tus niños jueguen
Si le das un raid a este hombre
La dulce familia morirá
Asesino en la carretera, sí

Nena, tienes que amar a tu hombre
Tómalo de la mano
Hazlo comprender
El mundo de ti depende
Nuestra larga vida nunca acabará
Tienes que amar a tu hombre, sí
Jinetes en la tormenta

Jinetes en la tormenta
Jinetes en la tormenta
En esta casa nacimos
A este mundo fuimos arrojados
Como un perro sin un hueso
Como un actor con deudas

Jinetes en la tormenta
Jinetes en la tormenta
En esta casa nacimos
A este mundo fuimos arrojados
Como un perro sin un hueso
Como un actor con deudas

El Hombre Bobo

El terror duerme en la noche. El infierno se está por desatar. Sí, es el Hombre Bobo, un monstruo subnormal que habita en la frontera de lo humano. Una pesadilla que se prolonga en la eternidad. La atrocidad y el pánico encarnados en un despojo humano que recorre la noche acechando a sus víctimas...

¿Cómo olvidar al Hombre Bobo, ese personaje tremendo que compuso Diego Capusotto para el ciclo Todo x 2$?

Homenaje al rock n' roll de los 50s


Hace un par años anduve por el Rojas para averiguar por unos cursos de cine. Recuerdo que cuando llegué a la secretaría, el chico que atendía al público vio que este cronista llevaba un pin de Misfits en el bolso. Miró el pin, luego me observó de arriba abajo, y volvió a mirar el pin. Se quedó un segundo en silencio, como incrédulo, como tratando de conectar las dos imágenes aparentemente incompatibles en su cerebro, para luego preguntar: “¿Te gusta Misfits? A mi también”.

La pregunta sirvió como disparador para hablar de la banda, su historia, su discografía y sus visitas al país. La charla se empezaba a poner un poco densa, hasta que el chico me preguntó si había escuchado su último trabajo Project 1950.

Tuve que admitir que no lo había escuchado e incluso que no tenía idea de lo que me estaba hablando. Y con ese mazazo a mi ego terminó el duelo entre fans: ganó el empleado del Rojas, y yo me volví a casa derrotado.

El episodio quedó en el olvidó hasta el jueves pasado, cuando decidí bajar el disco en cuestión de Rapidshare (¡niños no hagan esto en sus casas!), ya en las horas previas a una nueva visita de la banda al país.

Ahora tengo tiempo de comentarlo...

Más allá de la tapa, que es verdaderamente horrible y berreta, el contenido me sorprendió gratamente. El viejo Jerry Only, con la ayuda de Marky Ramone (The Ramones) y Dez Cadena (Black Flag) pone su bajo y su voz de Elvis demoníaco al servicio de un puñado de maravillosas canciones de rock n' roll de los 50s, apartándose por única vez de las habituales letras sobre sexo oscuro, muerte, monstruos y películas clase B.

Luego de los primeros segundos de asombro e incredulidad cuando arranca el disco, es imposible que el oyente no se deje llevar por una euforia básica y adolescente, tanto como las canciones homenajeadas en el disco.

Los temas son This Magic Moment (The Drifters), Dream Lover (Bobby Darin), Diana (Paul Anka), Donna (Ritchie Valens), Great Balls of Fire (Jerry Lee Lewis), His Latest Flame (Elvis Presley), Monster Mash (Bobby Pickett & The Crypt Kickers), Only Make Believe (Roy Orbison), Runaway (Del Shannon) y You Belong to Me (The Duprees).

Si lo querés bajar… acá está

Nunca me gustó Sydney Pollack


Sydney Pollack, fallecido el lunes a los 73 años, no fue uno de mis directores favoritos, más bien todo lo contrario, pero amerita hacerle un brevísimo homenaje. ¿Por qué? No sé, supongo que tengo ganas de escribir. No, va en serio, pobre Pollack.

El tipo se hizo mundialmente conocido por su adaptación de la novela de Karen Blixen, África mía (Out of Africa) de 1985. Creo que todas nuestras madres vieron esa película. Yo también.

Catalogado como el último de los grandes directores románticos, Pollack dirigió a varias estrellas de Hollywood, como Robert Redford, Paul Newman, Meryl Streep, Barbra Streisand, Dustin Hoffman, Harrison Ford y Tom Cruise. Pero también fue actor en filmes de Woody Allen y Robert Altman.

Nominado al Oscar a Mejor Director por Tootsie en 1982, obtuvo el galardón en 1986 por África mía, considerada como su obra maestra, que además recibió otras seis estatuillas, inclusive la de Mejor Película.

También dirigió La firma (The Firm) en 1993, con Tom Cruise y Gene Hackman, adaptando el best-seller de John Grisham y donde volvió a uno de sus temas favoritos: la corrupción.

Y ahora ya no está...

Miedos y pesadillas infantiles

Joshua Hoffine es un fotógrafo estadounidense que se ha dedicado a los miedos y pesadillas infantiles. Acá te dejo una pequeña muestra de su trabajo...



Fuente: Inner, El Pendejo

Attitude! Misfits en Buenos Aires


A menudo escucho a mis amigos decir que ya no tienen la energía o el interés para llevar a cabo determinadas empresas como, por ejemplo, ir a ciertos recitales. Bueno, debo declararme en las antípodas de esta realidad: yo sí tengo la energía y mi interés no ha mermado en absoluto en los últimos años, y hasta me animaría a decir orgulloso que se ha incrementado.

Con este antecedente me dirigí el viernes al barrio de Flores (Rivadavia al 7800) para concurrir al concierto de Misfits en El Teatro. Y hasta tuve que tomar el 63 debido a algunos desperfectos mecánicos en mi vehículo.

Cuando ingresé en el local estaba tocando 2 Minutos, una banda que nunca había visto en vivo. Me parecieron tiernos, sus letras hablan del barrio, los amigos y la cerveza. Los tipos suenan correctos y tienen una linda comunión con su público que poguea a morir y corea todas sus canciones.

Claro que al lado de Misfits parece un grupito de colegio secundario. Esta nueva encarnación de la agrupación de Lodi, Nueva Jersey, que está conmemorando su 30º aniversario, llegó a Buenos Aires con Jerry Only como siempre en el bajo, más los ex Black Flag, Dez Cadena en guitarra, y Robo en batería.

La verdad que la banda es una aplanadora, el baterista Robo –lo más parecido que hay a Yellow Bastard, el personaje que hacía Nick Stahl en Sin City– tiene la precisión de un reloj y la contundencia de un tanque Sherman. Por su parte Dez Cadena, una suerte de Frankestein de larga cabellera, hace lo suyo con discreción y hasta canta algunos temas y mete algún que otro solito de guitarra. La verdad que no me impactó en nada.

El que sí me impactó es el front man, Jerry Only, que no sólo aporrea como pocos su bajo (con forma de araña estilizada), sino que posee una impronta escénica que, en mi opinión, le debe mucho a otro bajista inspirado en el cine de terror: Gene Simmons de Kiss.

No voy a comparar a la actual alineación de la banda con los tiempos de gloria con Glenn Danzig o la etapa de la resurección con Michale Graves. Simplemente porque nunca tuve la oportunidad de verlas en vivo. Sólo sé que Danzig compuso los mejores temas, y si Misfits es recordado en ciertos ámbitos, es justamente por estas canciones.

Sin embargo, Project 1950, su último disco de estudio y el primero cantado por Jerry Only, ha sido el más exitoso hasta el momento. Paradojas del destino, el grupo tuvo sus mejores ventas haciendo estos covers de canciones de rock de los años 50s y 60s, interpretadas o compuestas originalmente por Del Shannon, Bobby Darin, Paul Anka, Jerry Lee Lewis y Elvis Presley, entre otros.

Para el final dejo un detalle que me causó profundo desagrado: ¿qué es esa costumbre de escupir a los músicos? Francamente no la entiendo. ¿Estos chicos que se dedicaban a salivar a la banda, aunque con especial saña a Jerry Only, están al tanto de que atrasan 25 años? ¿Saben que hace décadas que esta estúpida y asquerosa costumbre caducó definitivamente?

Si es por animosidad hacia Jerry Only, ¿por qué no se fueron a su casa? Y si es una suerte de tributo, lo único que lograron es que el músico se fastidie y termine el show bastante antes de lo que seguro tenía pensado concluirlo a juzgar por la buena respuesta que estaba obteniendo del público.

Gracias chicos!

El látigo azota de nuevo


Casi 20 años después de la última película de la saga, Steven Spielberg vuelve a la carga con Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull). Y la noticia es buena, muy buena, aunque no puedo dejar de preguntarme… ¿por qué tardó tanto?

En esta última entrega, la acción se traslada a 1957, en plena Guerra Fría y su consecuente paranoia anticomunista. Los enemigos ya no son los nazis sino la KGB, especialmente, una despiadada integrante, Irina Spalko, que interpreta estupendamente Cate Blanchett.

En la trama Henry Jones (no olvidemos que así se llama el arqueólogo y que Indiana era el nombre de su perro) deberá encontrar una extraña calavera en el Amazonas. Se trata de un objeto legendario, pero que le brindará poder supremo a su poseedor, por lo que la agente Spalko lo perseguirá sin descanso, además de apresar al profesor Oxley (John Hurt) y a su ex compañera de aventuras, Marion Ravenwood (Karen Allen), que resultó ser la madre de un joven rebelde (Shia LaBeouf), que vino pidiendo la ayuda de Jones y que también se llama Henry; así que podés ir sacando tus conclusiones...

Volviendo a la pregunta que formulé más arriba. ¿Por que Steven tardaste tanto en retornar con las aventuras de Indy? ¿Por qué George Lucas, creador del personaje y motor de estas películas a través de LucasFilms, nos tuviste 19 años esperando por esto? ¿Por qué tuvimos que soportar tanta basura digital, por ejemplo, la reciente Meteoro (Speed Racer), de los siniestros hermanos Wachowski?

En estos tiempos donde se abusa con descaro de los efectos generados por computadora (CGI), es refrescante toparse con una película de aventuras en su tradición más genuina, con actores de carne y hueso, con locaciones, dobles de riesgo y toda la magia a la que nos tuvo acostumbrados Hollywood durante décadas; además de ver en acción a un realizador de verdad, uno de los pocos que le queda al cine comercial.

No es que Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal no tenga efectos digitales. Los tiene, por supuesto. Steven Spielberg fue uno de los impulsores de esta tecnología en la creación de Jurassic Park (1993), y cuando tuvo que elegir entre la animación stop motion y la digital, se inclinó sin dudarlo por la segunda.

Pero los efectos CGI están utilizados como una herramienta que ayuda a desarrollar la historia, no son “la película”. De hecho, sin no estuvieran, no importaría porque el argumento es sólido, las escenas de acción están increíblemente bien filmadas y a los actores les sobra oficio.

¿Qué decir de Harrison Ford? Cumple 66 años en julio y está (casi) intacto. Lo ves con el sombrero y su látigo, y te das cuenta que la mística nunca se fue. Es él, el héroe que ya forma parte del imaginario popular. Es Indiana Jones, y es una alegría enorme tenerlo de vuelta. Y algo me dice que para él también porque se divierte como loco en la película. Si hasta hizo algunas escenas bastante jugadas, que creo que con mis 37 años yo no podría hacer ni en pedo.

Ya lo dijo Indy en los Cazadores del arca perdida (Raiders of the Lost Ark) de 1981: No son los años, es el kilometraje...

Hurley en Buenos Aires



¿Hugo “Hurley” Reyes de la serie Lost esperando el bondi? Aquí está el testimonio fotográfico.

Hace algunas semanas le comenté a mi amiga Mercedes que me había cruzado por la avenida Cabildo con el doble local del personaje de Lost (Jorge García en la vida real). No le saqué una foto con el celular porque estaba tan asombrado que quedé paralizado, y en seguida arrancó mi colectivo y perdí una oportunidad única.

Sin embargo, el destino es raro. Pocos días después me lo volví a cruzar por la avenida Elcano. Me quedé mirándolo azorado y volví sobre mis pasos para registrarlo, pero en el sagrado momento del click el Hurley local me miró desafiante y me sentí avergonzado; guarde mi celular y seguí con mi camino.

Bueno, parece que Buenos Aires no es tan grande. Desde el blog de Perros de la calle, reportan que han visto a este personaje esperando el 41.

Momentos híbridos

Este es uno de los pocos videoclips de Misfits. En YouTube hay mucho material, pero la mayoría son grabaciones en vivo de bajísima calidad y homenajes de fans que arman clips con fotos de la banda.

Sigo sin entender por qué esta banda jamás pudo salir del underground, y otras han cosechado éxitos haciendo covers de sus temas, por ejemplo, Metallica (Last Caress, Green Hell, Die, Die my Darling ) o Guns N Roses (Attitude). Incomprensible e injusto.

Les dejo el video de Hybrid Moments, donde se ve toda la pasión de estos tipos por el cine de terror clásico.

Enigmas en Oxford


Los crímenes de Oxford (The Oxford Murders) es una película extraña dentro de la filmografía de Alex de la Iglesia, realizador también de El día de la bestia (1995), Muertos de risa (1999) y La comunidad (2000), entre otras.

Este último trabajo me descoloca un poco. No porque sea una mala producción, esté mal dirigida o el casting no sea el adecuado. Todo lo contrario. Sino que me pasó lo mismo que cuando me topé con Match Point de Woody Allen: no la reconozco, no logro reconocer al universo del director. En definitiva: no parece una película de Woody Allen, aunque sea un gran filme.

Con Los crímenes de Oxford me pasó exactamente lo mismo. No encuentro el humor negro, la irreverencia y la ironía habitual en los filmes del español; esas líneas de diálogo absolutamente desatadas con finales totalmente imprevistos; y esos personajes tan demenciales.

Los crímenes de Oxford es una película, cómo decir... solemne. ¿Pero esto implica una apreciación negativa de mi parte? En absoluto. Sólo digo que sería un thriller perfecto para Joel Schumacher, pero la dirigió un español y transcurre en Inglaterra. Además, está realizada en inglés, con lo que parece que el amigo Alex (digo amigo porque una vez le estreché la mano en la disco Kika de Palermo y estuve una semana hablando de eso) anda con ganas de jugar con los chiches caros de Hollywood, algo que ya había intentado sin demasiado éxito con Perdita Durango (1997).

¿De qué la va la película? La trama comienza en el momento en que Martin, un joven estudiante estadounidense, llega a la universidad de Oxford con la intención de que Arthur Seldon, prestigioso profesor de lógica, dirija su tesis doctoral. El primer encuentro se da cuando ambos descubren, por accidente, el cuerpo de una anciana asesinada en su propia casa. Será el primero de una serie de crímenes que podrían pasar por muertes naturales si no fuera por los símbolos que los acompañan. Recorrer ese camino implica también poner a prueba no sólo las convicciones matemáticas, sino la propia forma de entender el mundo del profesor y de su alumno.

Elijah Wood (El señor de los anillos), se pone en la piel del estudiante y... sigue siendo Frodo. No, en serio: nunca me gustó como actúa, pero acá sale airoso. Por su parte, John Hurt (V for Vendetta, Alien, etc, etc, etc) es el profesor Seldom. ¿Y qué puedo decir? Es indiscutible la condición actoral de este tipo, este enorme y subvalorado actor. Por último: atención a Leonor Watling (Paris, je t'aime) que está deslumbrante.

A pesar de su complejidad –con permanentes referencias en los diálogos al mundo de las matemáticas y la filosofía– y cierta monotonía, vale la pena ver esta película y tratar de dilucidar hacia dónde apuntará, de ahora en más, la carrera de Alex de la Iglesia.

El gremio de la serpiente


Mi relación con Whitesnake es extraña. Nunca fui fan de la banda y, sin embargo, la vi tres veces en vivo. Todavía me pregunto por qué...

Supongo que la primera vez, en 1997, fue porque se estaba separando y Buenos Aires era la última fecha de la gira despedida. Creo que fue en Ferro y recuerdo muy bien que David Coverdale cantó a capela Soldier of Fortune. Era una noche agradable, y había una enorme y redonda luna en el cielo.

La segunda, creo que en el 2005, compartieron cartel con Judas Priest. Obviamente yo quería ver a la banda de Rob Halford, pero sometido a la insistencia de mis amigos Pelo (que sí es fan de la banda) y Pevol, llegamos más temprano para ver a la Serpiente Blanca.

Esta tercera (y vencida) vez sí que no tiene explicación. Pelo estaba decidido a ver el show, y bueno, saqué dos entradas por Internet. “Siempre es bueno ver a una estrella de la vieja escuela. Disfrutemos de una linda noche de rock n´roll”, pensé.

Whitesnake llegó al Luna Park para presentar Good to be Bad, su último disco. La versión 2008 de la banda incluye, además del propio Coverdale, al rubio Doug Aldrich en guitarra.

Y acá hago un paréntesis, aunque no descolgado: ¿Por qué Coverdale siempre elige guitarristas lindos y rubios? John Sykes, Adrian Vandenberg… y ahora este, que además es muy parecido a Randy Rhoads, el fallecido violero de Ozzy Osbourne. La verdad que me fastidia, es uno de los vicios de su etapa hair metal del que no logra despegarse.

En fin, retomo. La banda se completa con Reb Beach (guitarra), Uriah Duffy (bajo), Chris Frazier (batería) y Timothy Drury (teclados).

La flamante Best years abrió el show de un Luna lleno a medias (no hay que olvidar que fue la segunda noche y que es una fecha que se agregó a último momento). Le siguieron Fool for your loving, Bad Boys/Children of the Night, Can you hear the wind blow, Lay down your love, Love ain’t no stranger, Crying in the rain, Give me all your love, y Here I go again.

Coverdale es uno de los últimos frontmen del hard rock, pero sus casi 60 años le están pasando factura. Su oficio para hacer cantar a la gente y descansar, los largos pasajes instrumentales, el apoyo de los coros del resto de la banda y algunos efectos (no muchos, lo admito) que acompañan su voz, no alcanzan para disimular el deterioro de su garganta, que al quinto tema comenzó a fallar. Una pena, porque terminó el recital en muy malas condiciones.

¿Lo mejor de la noche? Still of the night y Burn/Stormbringer de Deep Purple, que cerraron el recital a todo trapo.

Meteoro, el "terror" de las pistas


Hace nueve años este cronista todavía creía en muchas cosas, muchas menos que ahora. Uno de estos hechos "irrefutables" era la genialidad de los hermanos Wachowski. ¿El motivo? Básicamente debido a una película llamada Matrix, que puso de cabeza algunas de las reglas de la ciencia ficción y cambió para siempre la estética de este género.

Años después esta admiración comenzó a desdibujarse con la excesiva Matrix Recargado (Matrix Reload), y la insoportable y absurda Matrix Revoluciones (Matrix Revolutions). Sin embargo, en el 2005 recuperó las esperanzas gracias a V de Vendetta (V for Vendetta), una interesante aventura anárquica y, por qué no, premonitoria sobre una revolución antifascista en la Londres del futuro.

Pero llegó Meteoro (Speed Racer)...

Marcado por la repentina desaparición de su hermano Rex (Scott Porter), Meteoro (Emile Hirsch) empieza a destacar en el mundo de las carreras de autos, lo que despierta el interés de algunos auspiciantes. De pronto, el joven piloto se ve envuelto en una maraña de intrigas que desprestigian al deporte y que tratará de limpiar con la ayuda del sus padres (John Goodman y Susan Sarandon), su amiga Trixie (Christina Ricci) y el misterioso Corredor X (Matthew Fox).

Cultura pop, vehículos espectaculares, altísima velocidad, choques, explosiones... Todos los elementos del dibujo animado japonés de 1967 están presentes también en esta adaptación para la pantalla grande. Sin embargo, la película no funciona: Los diálogos y las actuaciones son tan ridículos que todo el poder de los efectos visuales se evapora a los pocos minutos de comenzada la cinta. Además, dura 136 minutos, por lo que se vuelve imposible para el público infantil... y hasta para el adulto.

Por otra parte, los fondos chroma key son tan poco reales que me pregunto para qué contrataron a un elenco tan prestigioso. Hubieran producido una película animada en vez de someterlos a actuar frente a una pantalla verde, sin ningún tipo de referencia. En parte por eso se me ocurre que las actuaciones son tan lamentables, tan distantes, donde sólo se destaca Paulie Litt, como el atolondrado hermano menor Chispita, que realmente se roba la película.

En definitiva. Lamentablemente Meteoro es un embole. Con la plata de la entrada conseguite los DVDs de la serie animada. La vas a pasar mucho mejor. Garantizado.

Revisando Psicosis de Alfred Hitchcock


Psicosis se basó en la novela de 1959 del escritor estadounidense Robert Bloch, de la que según la leyenda, el cineasta británico se había mostrado interesado únicamente por el momento crucial de la ducha, esa que relaté unos párrafos más arriba.

La adaptación cinematográfica corrió a cargo de Joseph Stéfano, quien se encargó únicamente de mantener el espíritu de la novela original, desarrollando una trama mucho más inquietante que ahonda en la atormentada personalidad de Norman Bates, visto como un joven atlético y atractivo, imagen que nada tiene que ver con la que aporta el texto de Bloch.

Para el rodaje, Hitchcock contó con los servicios de dos de sus colaboradores habituales, Saul Bass y Bernard Herrman. El primero se encargó de diseñar los créditos iniciales, como también lo había hecho en Vértigo (1958), mostrando las claves de la historia: cada uno de los nombres que figuran en los títulos de crédito, aparecen fragmentados como si un cuchillo se clavara sobre ellos.

Pero lo más destacable es la banda sonora, a cargo de Herrman, cuyo tema central aparece preludiando la secuencia de la ducha, en un ejercicio que volvería a repetirse varios años después, con John Williams y su tema para Tiburón (Jaws) de Steven Spielberg (1975).

El elenco estuvo compuesto por Janet Leigh para el papel principal: la secretaria Marion Crane. La actriz, esposa por entonces de Tony Curtis, y madre de Jamie Lee Curtis, que luego sería la protagonista de Noche de brujas (Halloween) de John Carpenter (1978), entraba dentro de los parámetros de mujer rubia anhelada por Hitchcock. También contó con los servicios de Vera Miles a la que había descubierto en uno de los episodios de su serie Alfred Hitchcok presenta, despertando en el director una fascinación sólo comparable a la que había sentido por Grace Kelly.

En el plano masculino, el papel de Norman Bates, recayó en un joven Anthony Perkins, quien ofrece una de las mejores interpretaciones de su carrera, aunque el personaje se convertiría en una pesada carga que marcaría sus posteriores trabajos como intérprete. John Gavin, que había destacado en Espartaco (Spartacus) de Stanley Kubrick (1960), fue el encargado de dar cuerpo a Sam Loomis, el amante de Marion Crane. Todos ellos respaldados por Martín Balsam como el detective Arbogast, John McIntire como el sheriff local y Simon Okland como el psiquiatra encargado de evaluar el caso.

Desde el argumento, la historia es sencilla, Marion Crane (Janet Leigh), es una secretaria que mantiene una relación secreta con Sam Loomis (John Gavin), un divorciado con el que semanalmente se cita en un motel de Fénix, aprovechando el descanso para la hora de comer. El cierre de un suculento negocio en la oficina donde Crane trabaja, supone la oportunidad que estaba esperando para huir de la ciudad y comenzar una nueva vida. Sin embargo, la llegada a un motel de carretera regentado por el solitario Norman Bates (Anthony Perkins), provocará un giro (muy) inesperado en la situación.

No cuento más. Anda corriendo a comprarla y guardála como un tesoro. Lo vale...

Bates Motel



Caminando una noche por una zona alejada del Boulevard Las Vegas, camino al downtown, me topé con una seguidilla de moteles baratos, muy típicos de la geografía estadounidense.

Son tal cuál como pueden verse en las películas. Con la oficina en el frente y el espacio para estacionar el automóvil en la puerta de cada habitación. Y claro, el letrero de neón que reza Vacancy – No Vacancy en la entrada.

Y esto es loco. Así como cada vez que me meto en la ducha siento que una figura femenina sin rostro correrá la cortina y me sacará de este mundo con el filo de un enorme cuchillo de cocina –al son de una estruendosa música de violines– tal como ocurre en la escena icónica de Psicosis (Psycho) de Alfred Hitchcock; también me siento transportado a este clásico del cine cuando paso por un motel con el neón parpadeando Vacancy – No Vacancy, como si de una fuerza hipnótica se tratase, como invitando a buscar habitación en el Bates Motel.

Sigo el relato... En mi loca caminata –loca porque en EE UU nadie camina– me detuve un instante frente a este letrero y, como si fuera el último minuto de mi vida, las imágenes de la película se amontonaron en mi cabeza.

Bueno. Esta anécdota (100% cierta) es, sin embargo, una excusa para recordar a Psicosis, uno de los máximos exponentes de la genialidad del director británico Sir Alfred Joseph Hitchcock.

En la próxima entrada hago una reseña de la película...

Revolución

Me topé con esta publicidad en YouTube que reúne nada menos que al Che Guevara, Fidel Castro, Mao Tse Tung, Karl Marx, Vladimir Lenin, Martin Luther King, Rosa Luxemburgo, Ho-Chi Minh y Mahatma Gandhi.

El corto, espectacular desde el tono y la estética, pertenece al nuevo Dacia Logan MCV. En fin…

De todas maneras, vale la pena verlo. Fuente: Julián Gallo

Un noche en el burlesque


Cuando estuve en Las Vegas tuve la oportunidad de asistir a un espectáculo de burlesque, en el club nocturno Forty Deuce, ubicado dentro del hotel Mandalay Bay.

El club es propiedad del empresario Ivan Kane, que también posee otro similar en Hollywood, y tiene una onda bastante retro, tratando de recrear los antros que solían verse en Times Square, New York, en los años 50s.

La noche en que visité este respetable establecimiento tocaba una banda conocida como Royal Jelly, que acompaña a cinco strippers que montan un show realmente deslumbrante. Mientras los tres músicos tocaban clásicos como Welcome to the Jungle (Guns 'n Roses), Sweet Emotion (Aerosmith), Roxanne (The Police), Another One Bites the Dust (Queen) y Whole Lotta Love (Led Zeppelin), las chicas hacían de las suyas, pero con cierto toque naive.

Es que en el Forty Deuce nada es pornográfico o de mal gusto, no es ese el estilo. Realmente se recrea la atmósfera de los 50s y 60s, no sólo desde la estética, sino también desde la actitud de las bailarinas. De hecho, ninguna de desnuda. Y además bailan muy bien, el caño, el trapecio y lo que sea…

¿Pero qué es el burlesque?

Este tipo de espectáculos nació gracias al legado del music hall del siglo 19 y del vaudeville, de comienzos del siglo 20, como una mezcla de sátira, performance, y entretenimiento para adultos.

En el burlesque, los intérpretes, por lo general mujeres, a menudo formaban coros o grupos con exuberantes y coloridos trajes, e incluso se incluían actuaciones con fuego y contorsionismo. La más famosa artista de este género fue la bellísima Bettie Page, además de otras estrellas como Mae West, Tura Satana y Tempest Storm. Entre los hombres pueden destacarse a Abbott y Costello, Milton Berle, Jackie Gleason y Bob Hope, entre muchos otros.

El nuevo burlesque adoptó muchas formas, pero todas tienen el rasgo común de honrar a una o más encarnaciones anteriores del género, incluidos strippers, trajes caros, bailes, etc. Entre los modernos artistas de burlesque y espectáculos se destaca sin duda la figura de Dita Von Teese.

Dos que se vienen



El Luna Park de Buenos Aires será escenario este mes de dos buenos exponentes del rock duro.

El 14 y 15 de mayo se presenta Whitesnake, la banda del histórico David Coverdale, en el marco del Good to be Bad/World tour 2008, gira que promueve su más reciente trabajo de estudio: Good to be Bad.

El grupo fue fundado en 1978 por Coverdale, luego de un paso de tres años por Deep Purple, y viene amoldándose –a veces demasiado– a las modas del hard rock de los últimos 30 años.

No es de mis bandas preferidas, claro está, pero el tipo es un ex Deep Purple y siempre es lindo verlo en acción. Además, es un front man de la vieja escuela, y así estropeado como está, sigue teniendo más presencia que cualquiera de los monigotes que pululan por MTV actualmente.

De todas maneras, los años de gloria de esta banda pasaron hace décadas. Todavía recuerdo, como si fuera ayer, su deslumbrante presentación en la primera edición de Rock in Río de 1985. Fue increíble.

La segunda banda que se presenta en el Palacio de los Deportes porteño es Megadeth, el 28 y 29 de mayo.

La agrupación liderada por el ex Metallica, Dave Mustaine, es una de las preferidas de la afición local. Vale recordar que grabó su último y excelente DVD, That One Night, durante el festival Pepsi Music, el 9 de octubre del 2005, en el marco de su gira Blackmail the Universe Tour.

Esta vez Megadeth tiene nuevo disco –United Abominations–, y flamante alineación, pero a mi me interesa ver los clásicos, como Peace Sells, In My Darkest Hour y Symphony Of Destruction, entre otros.

Por supuesto, tengo entradas para los dos. Y si sumamos a estos shows el que brindará Misfits en El Teatro, el 23 de mayo, contamos con un mes bien rockero.

Por lo menos la recesión en EE UU sirve para algo...

Momentos del rock II



Año: Principios de los 90s

Lugar: Algún punto de la gira presentación del disco Nevermind

Hechos: Kurt Cobain, guitarrista y voz de Nirvana, se arroja con su guitarra al público (slam) durante el show.

Un integrante del staff de seguridad lo rescata luego de un arduo trabajo, pero termina aplicándole a Kobain un cross de derecha.

¿Los motivos? Son dos las teorías: la primera dice que Kobain le pegó accidentalmente con su guitarra al guardaespaldas, provocándole una herida cortante en la cabeza; mientras que la segunda sostiene que el músico lo insultó durante el rescate.

Los cierto es que Kurt Cobain estaba bastante descontrolado por esos años.

Ser diferente


Necesitamos sentirnos distintos, creer que somos distintos a los demás, creer que lo nuestro es lo mejor, o lo más grande, o lo más trágico, o lo más desgraciado, lo que sea, el caso es creernos siempre distintos a los demás.

Y ése es nuestro principal error, pero además no sólo nos lo creemos, sino que lo alimentamos, lo defendemos y lo valoramos.

Pero, ¿qué sucedería si comprendiéramos que no somos diferentes los unos de los otros? Si entendiéramos que las soluciones que necesitamos ya existen, que no hay que inventar nada nuevo para "curar" nuestros problemas y que sólo hay que hacer las cosas que en realidad no se hacen.

Es muy liberador comprender que no hay que ser diferente, distinto, exclusivo, único. Que lo que vivís es lo mismo que experimentan millones de personas.

Y al no ser exclusivo ni único también debería desaparecer esa sensación de soledad.

Claro, en teoría...

Bombita Rodríguez: El Palito Ortega Montonero

El popular y olvidado Bombita Rodríguez: el Palito Ortega Montonero, fue un artista que combinó la canción berreta, populachera y pegadiza, con letras que alentaban la revolución en Argentina.

Bombita Rodríguez es hijo de artistas. Su madre, Evelyn Tacuara, la más famosa vedette del nacionalismo católico argentino, le inculcó la pasión por la música. Pero fue su padre, Grunkel “Cacho” Abramov, más conocido como el Payaso Barricada, el más renombrado clown del Trotskismo, quien le legó su pasión por las masas.

Señores: Diego Esteban Capusotto, conductor, actor y humorista, ha vuelto con todo con su programa Peter Capusotto y sus videos, los lunes a las 23.

Yo te recomendaría que no te lo pierdas...

Va el video, obvio. Y gracias a Mercedes por el dato

Cine de culto: The Warriors


Hurgando por las casas de ventas de DVDs, me encontré con una perla cinéfila olvidada, que en EE UU se ha convertido en un clásico de culto del cine clase B. Me refiero a The Warriors, de Walter Hill.

El filme de 1979 fue rodado con un presupuesto escaso y actuaciones más escasas aún, y sin embargo, es una cinta realmente interesante y entretenida. Tanto, que salió su versión en videojuego hace no mucho tiempo.

La película toca un tema bastante de moda en esos años: el poder de las pandillas, y lo enriquece con la posibilidad de que todas las bandas de Nueva York se unan y salgan a tomar las calles.

Este personaje aglutinador es Cyrus, que las convoca a una reunión multitudinaria en el Bronx. Todas acuden al llamado, incluso una pequeña pandilla de Coney Island llamada los Warriors.

En la reunión, Cyrus habla de dominar la ciudad, de la ineficacia de la pequeña fuerza policial y de cómo ellos, sin mucho esfuerzo, pueden tomar el poder que legítimamente les pertenece.

Pero en el mejor momento del discurso un pandillero mata a Cyrus y acusa a los Warriors del crimen. Entonces se arma una revuelta y el líder de los Warriors es asesinado, mientras los demás huyen y se reagrupan asumiendo el poder el jefe de guerra, segundo en la escala de mando.

Ahora los Warriors deberán regresar a su territorio cruzando toda la ciudad y enfrentando a las pandillas de cada barrio, que los culpan por el fracaso de la alianza.

Además, las bandas se enteran de las novedades en las calles a través de un programa de radio que les va informando sobre la posición de los Warriors y el resultado luego de cada batalla, todo en forma codificada con slang neoyorkino y eligiendo cuidadosamente los temas musicales.

La batalla final no tiene desperdicio… Recuerden esta frase: Warriors, come out to pla-ay!

Si querés ver la página web de la película clickeá acá

La belleza de Toro salvaje de Martin Scorsese


Quiero hablarles de una de mis películas preferidas. Se llama Toro salvaje (Raging Bull) y fue dirigida por Martin Scorsese en 1980. Es el mismo realizador que estuvo al frente de Taxi Driver, Calles salvajes (Mean Streets), Después de hora (After Hours) y tantas otras.

Soy de los que creen que los títulos en el comienzo de algunas películas son verdaderas obras de arte y que te predisponen a sentir las emociones que depara el filme. Toro salvaje es el mejor ejemplo de esta categoría de cintas.

La película arranca desde un fundido negro con el intermezzo de la ópera Cavalleria Rusticana (Caballerosidad rústica en español), del compositor italiano Pietro Mascagni, una pieza conmovedora que te estruja el corazón, por su belleza, su melancolía y su tristeza.

Ahí aparece la figura de Jake LaMotta (Robert de Niro) envuelto en una tenue bruma mientras lanza golpes en un ring de boxeo de proporciones desmesuradas. El púgil baila como si se tratara de un ballet que presagia el drama inminente, mientras que de fondo suena la ópera.

Creo que es una de las escenas más hermosas de la historia del cine. Es maravillosa la conjunción de las imágenes en blanco y negro, con la música y los movimientos en cámara lenta del boxeador. Les juro que puede sentirse la soledad del hombre que está a punto de enfrentar su destino.

Cada vez que veo esta película (hoy por ejemplo) siento deseos de poder comunicarme con Scorsese para decirle todo lo que siento por su arte. Decirle que conecto con las cosas que quiere expresar, con su mundo, y confesarle que él ya es parte de mi vida y lo será para siempre.

Que sería del mundo sin Martin Scorsese. Por favor.

Acá tenés el comienzo de la película. Disfrutalo y observá el trabajo de un genio

Un antihéroe de hierro


Marvel Comics viene dando en el clavo con las recientes versiones fílmicas de sus personajes. Tanto el Hombre Araña, como X Men, han sido éxitos de taquilla, además de contar buenas historias con actuaciones muy efectivas. Las únicas perlas negras fueron Hulk (aunque ahora se viene la remake) y Los Cuatro Fantásticos, esta última muy inferior, tanto, que no me esforcé en ver su secuela, donde comparten cartel con Silver Surfer.

Bueno, me animo a poner a Iron Man en un lugar intermedio. Y si se acerca algo a la calidad del Hombre Araña y X Men es por los soberbios efectos especiales y la actuación de Robert Downey Jr.

El filme de Jon Favreau (Elf, Zathura) es, por momentos y por responsabilidad total de Downey, una interesante comedia, con algunas líneas de diálogos brillantes.

Cuando el actor tiene luz verde para desparramar todo el desparpajo de Tony Stark, ya sea en su faceta de científico loco, como en las de playboy o millonario excéntrico, la película es realmente entretenida. Incluso toda la etapa constitutiva de Iron Man, con el eterno ensayo de prueba–error de las nuevas tecnologías, es muy llevadera.

En cambio, cuando Iron Man se enfrenta a los bad guys de Afganistán, y en ningún momento se hace referencia a la invasión estadounidense a este país, dando a entender que los únicos malvados del filme son los terroristas y algunos inescrupulosos que los proveen de armas, es ahí cuando la cinta se vuelve demasiado torpe.

Además, y esto ya es hilar demasiado fino, pero no puedo dejar de hacerlo, pido disculpas, el déjà vu con ese hito del hi-tech llamado Transformers es demasiado evidente y hasta un poco molesto. También la influencia de Robocop es notoria, sobre todo en la escena de la pelea final contra el ex mentor de Tony Stark, Obadiah Stane (Jeff Bridges), que terminó creando su propio exoesqueleto: el Iron Mong.

El resto de las estrellas del elenco, Terrence Howard (Jim Rhodes) y Gwyneth Paltrow (Pepper Potts), más bella que nunca, hace lo suyo sin destacar demasiado, aunque me hubiera gustado ver más de Paltrow, que desarrolló un personaje que daba para mucho, pero evidentemente no hay espacio para profundizar, cuando el hombre de hierro ocupa el 80% de la pantalla.

En definitiva, la película se puede ver y entretiene, y ojala le vaya muy bien. No por Marvel, ni por Dark Blade Films, ni por Paramount. Ojala sirva para que la carrera de Robert Downey Jr. despegue y llegue alto, bien alto. Como Iron Man.